La mañana es el inicio de un nuevo día, te has despertado, estás vivo y sin embargo, en vez de tener una actitud de agradecimiento y felicidad por ello, solemos supeditar nuestro estado de ánimo a los tiempos, a las prisas y a las agendas.

Para esta semana te propongo un ejercicio muy sencillo. Cada mañana, hagas lo que hagas, observa tu relación con los tiempos y tu paciencia en los siguientes aspectos:

  • Cómo afrontas en casa tus primeros momentos del día y cuánto afecta a tu estado de ánimo las prisas.
  • En la relación con tu familia, cómo vives esos primeros momentos, ¿con la felicidad que supone haber despertado todos o con una actitud secuestrada por los tiempos que haga que te olvides de este milagro?
  • En el camino a tu primera actividad: cómo te afecta el tráfico, que no depende de ti, cómo te afecta la climatología, que no depende de ti, cómo te afecta el humor de los demás, que no depende de ti…..
  • En el inicio de tu primera actividad, ¿sientes que la impaciencia ha secuestrado ya las posibilidades de tener un buen día?

Esta semana, practica la PACIENCIA, contigo mismo y con los demás. Aceptar que cada cosa ocurre a su ritmo y que no depende de ti el cambiarlas, hará que afrontes los retrasos, las colas y los obstáculos con serenidad, sin que estas cosas, absolutamente normales en el día a día, cambien tu perspectiva de que es un gran día por el hecho de existir.