RELACIÓN CON EL DOLOR

El dolor como definición, es una percepción sensorial que puede ser más o menos intensa provocada por terminaciones nerviosas. También se define como el sufrimiento intenso de pena, tristeza o lástima que se experimenta por motivos emocionales o anímicos.

Sin embargo, el dolor nos da mucho miedo, nos recuerda que algo no funciona bien, nos avisa que nuestro cuerpo se va deteriorando y sobre todo, nos recuerda que no somos inmortales. Nuestra falta de aceptación ante cualquier suceso negativo en nuestras vida, hace que el sufrimiento sea casi inevitable.

El sufrimiento se divide en dos categorías:

  • El Sufrimiento primario, que es inevitable, consustancial con la naturaleza humana, por lo que debemos aceptarlo. Producido por el envejecimiento, la enfermedad o la pérdida de un ser querido. Este sufrimiento supone un 15% del sufrimiento total que experimentamos.
  • El Sufrimiento secundario, es evitable. Nos lo provocamos nosotros por no aceptar o resistirnos al sufrimiento primario. Supone un 85% del sufrimiento total.

El dolor físico, crónico nos va a acompañar en algún momento de nuestra vida, a unos nos llegará más jóvenes y a otros más mayores, pero todos lo vamos a sufrir, porque en esta preciosa vida que nos ha tocado vivir, no debemos olvidar que hay un proceso de envejecimiento, enfermedad y finalmente la muerte. Este proceso va a ir acompañado de dolor físico de forma inevitable.

En esta sociedad, no aceptamos nuestra propia naturaleza, perfecta pero imperfecta a la vez, donde el proceso de envejecimiento, comienza desde el momento en que nacemos y nos pasamos la vida, rechazando y resistiéndonos a la enfermedad, a la vejez y a la separación física final.

Desde mi experiencia, he vivido cómo el dolor físico, además de limitarte físicamente, te secuestra y te arrastra psicológicamente y trasforma tu vida en un esclavo de tu enfermedad. Cada mañana, me despertaba y en cuanto me daba cuenta de que el dolor ya estaba ahí, mi diálogo interno me mandaba mensajes del tipo (mi día ya va a ser una mierda, soy una enferma, esto no es vida, los demás tienen mejor vida, etc…) y en vez de intentar calmar las consecuencias que me producía, agudizaba sus efectos y me vencía desde el minuto uno.

Con el tiempo, gracias a mi encuentro con el silencio de mi mente, he ido entendiendo y aprendiendo a gestionar mis momentos de dolor. Cuando aparecen, concentro mi energía en los recursos naturales que tengo para abrazar este proceso y no dejar que secuestre mi mente, mi estado de ánimo y mi vida.

El dolor emocional, por pérdidas, por desgracias o por situaciones que nos superan, de la misma forma, se alimenta de ese sufrimiento secundario que provoca tu forma de resistirte y de no aceptar que la vida es como es y que te trae momentos realmente complicados .

Entender que debemos vivir con el sufrimiento primario, nos ayuda a que cuando llega, no alimentemos demasiado a ese sufrimiento secundario que es el que nos destruye.

Ante estas situaciones, te invito a que explores en el silencio de tu mente, a que manejes tu respiración y trabajes la aceptación de tu propia existencia como herramientas para abrazar ese sufrimiento primario, compañero inevitable de viaje pero que no será el dueño de tu vida y del sentido de la misma.

Tomando Conciencia, viviendo en coherencia…