Esta fotografía no es mía. Sin embargo, creo que es de las que más me han impactado en mi vida.

Es un sanitario, dando la mano a alguien que muere en soledad, aislado, sin sus seres queridos.

En nuestra cultura, no solo no aceptamos el proceso de la muerte como parte de la vida, además, consideramos fundamental como seres humanos, acompañar al que se muere en sus últimos instantes de vida. Esta cruel enfermedad hace que esto no sea posible y las personas que finalmente fallecen, no pueden estar en la compañía de sus familiares en esos últimos momentos.

Esta pandemia nos ha arrancado el derecho a la compañía, a las despedidas, a los abrazos y a los gestos de amor. Pero no nos lo ha robado todo, la humanidad saca su mejor parte en situaciones límite y en una sociedad profundamente egoísta, personal sanitario anónimo, hace este proceso sustituyendo a los seres queridos de personas moribundas.

Personas sometidas a un grado de estrés casi insoportable, respiran, dan la mano, acompañan y consuelan al que se muere. Es un gesto de amor como jamás he visto.

La humanidad es inmensa y ojalá saquemos lo que somos tras esta experiencia.