Post Semanal

Hablemos de Autoestima

Por definición, la autoestima es la forma en la que te estimas; es aquello que piensas de ti mismo.

Esta opinión que tienes de tu persona, la has forjado a lo largo de tu vida y está fuertemente influenciada por tus experiencias. Por ejemplo, si de niño, alguno de tus cuidadores te decía en un tono hostil y con cierta frecuencia que eras un vago, ese sentimiento, probablemente te va a acompañar durante toda tu vida aunque seas un trabajador incansable.

En un proceso de autoconocimiento como es este que aquí estamos trabajando, vamos explorando hacia nuestro interior y encontrando cosas positivas y negativas de nosotros mismos.

A partir de ahí, debemos comenzar un segundo proceso que es el reconocimiento y la aceptación de la persona que somos. En este proceso, aquellas cosas que pensemos que son una característica negativa en nosotros, nos podremos poner manos a la obra para cambiarlas.  Pero ojo, vivimos en una sociedad donde se nos dice que todo se puede cambiar y no es así. Tomar conciencia de qué cosas de ti puedes trabajar para cambiar y que cosas no puedes cambiar, hará que centres tu energía en una mejora real y posible, con trabajo y esfuerzo.

Durante nuestra vida, nos va a acompañar una voz autocrítica encargada de recordarnos aquellas cosas de las que no opinamos bien de nosotros mismos. Esta voz, estará identificada con aquellas personas o situaciones que te hicieron creer eso de ti mismo. (meditación trabajada en la semana 18)

La relación que temenos con nosotros mismos tiene que ver con ese nivel de aceptación de la persona que somos y del poder que tenga esa voz autocrítica sobre nosotros.

Somos una sociedad sobre – relacionada y esto tiene mucho que ver con el poco espacio que le damos al hecho de estar solos, de estar con nosotros mismos como única compañía. Este poco espacio que nos damos, es para evitar ver esas cosas que no queremos ver o aceptar de nosotros mismos y en vez de trabajar en conocerte, en entender por qué somos de una determinada manera, en aceptarte y en cambiar lo que esté en tu mano, nos dedicamos a estar con mucha gente y a buscar cubrir las necesidades de los demás para que con sus alagos, nos sintamos bien con nosotros mismos.

Déjame que te cuente que esto no funciona sostenido en el tiempo y en momentos difíciles, la soledad te va a inundar y vas a entender que la única persona que realmente puede cubrir tu espacio y tus necesidades básicas  para ser feliz, eres tu mismo. 

Nos ha tocado vivir en una sociedad bastante enferma y que de forma silenciosa va debilitando nuestra autoestima sin que nos demos cuenta a través de siguientes comportamientos:

  • No se nos permite reconocer cuando estamos cansados. La vida social, laboral y familiar, no nos dan tregua para nuestro descando personal. Vivimos pendientes de unas agendas angustiosas y en la cabeza de nadie entra decir que no en ninguno de los ámbitos de nuestro día a día por el mero hecho de necesitar un descanso. Sin embargo, el ser humano no es un ser lineal y habrá momentos de nuestra vida, que bien por circunstancias físicas o emocionales, nuestros niveles de energía desciendan significativamente y se nos haga muy complicado cumplir con nuestras agendas sin un sobre esfuerzo y sufrimiento añadido.
  • No se nos permite reconocer cuando estamos deprimidos. Como decía, el ser humano va a estar en determinados momentos de su vida en momentos bajos. La vida nos trae situaciones difíciles que requieren de tiempo y trabajo para su superación y el ritmo de vida que se nos impone, más la estigmatización que existe ante un estado de desánimo o depresivo hacen que ocultemos estas situaciones, en primer lugar a nosotros mismos y en segundo a nuestro entorno en general. Esto tiene unas consecuencias de agravamiento de la situación en muchas ocasiones que cuando dan la cara, son mucho más difíciles de superar.
  • No se nos permite reconocer cuando estamos enfadados. Esta sociedad en la que vivimos, es una sociedad fuertemente condicionada por la imagen que proyectamos al exterior. Todos mostramos bien sea a través de redes sociales, a través de conversaciones superficiales con nuestros conocidos, estados de felicidad fingidos y lo peor de todo, nos pasamos el día viendo y perciviendo estados de ánimo maravillosos y perfectos de todo el mundo que nos rodea. Es más, estamos tan hechos a eso, que cuando intuímos o percibimos estados de sufrimiento, bien sean nuestros o de otros, intentamos ignorarlos o negarlos porque eso nos incomoda y se sale de la imagen que tenemos establecida para ser felices. Pero la vida no es esto queridos amigos, en la vida hay momentos buenos y malos y en esos momentos, hay personas que nos hacen daño o sencillamente , situaciones que nos hacen enfadar. Si uno un día se presenta en su trabajo con cara de pocos amigos, lo normal es que reciba rechazo y críticas y realmente, no se nos da tregua para sufrir este tipo de sentimientos. Pues bien, he de decirte que si no te permites sentir las emociones que acompañan el enfado, generalmente se acumularán en tu interior y además de producirte reacciones físicas muy perjudiciales, esas emociones quedarán a buen recaudo para salir en una explosión en momentos poco oportunos y seguramene, en tu zona de seguridad que probablemente será tu casa y con tu familia.
  • No se nos permite reconocer y manifestar nuestra necesidades. Debido a la necesidad de aprobación externa, que varía de unas personas a otras según su edad y estado emocional, normalmente , estamos más pendientes de las necesidades de otros que de las nuestras. Por ejemplo, en las parejas, al principio de las relaciones, ambos se esfuerzan en cubrir las necesidades del otro para conseguir su amor; con los hijos, los padres se pasan la vida cubriendo las necesidades de los niños y abandonan la mayoría de las suyas propias; con los amigos, en muchas fases de nuestra vida renunciamos a nuestras propias necesidades y estamos más pendientes de las de ellos para que nos consideren los mejores amigos y esto nos aleja de forma muy importante de nuestra felicidad porque lo que hacemos, es mendigar amor a base de atención y abandonar a la persona más importante de nuestra vida, que somos nosotros mismos. En ocasiones, las personas sentimos que no se nos da valor (puede ser en la familia, con los hijos o con algún amigo), pero pensemos, ¿Cómo nos van a dar valor si somos nosotros los que anteponiendo las necesidades de los demás por encima de las nuestras les hemos enseñado a pensar que no lo tenemos?
  • No se nos permite reconocer y manifestar nuestras emociones. Como vimos en el capítulo dedicado a ellas, desde pequeños, nos enseñan a reprimir las emociones desagradables y en ocasiones incluso hasta las agradables. Cuanto más nos cuesta vivir nuetras emociones, mas dificultad tenemos para sentir nuestros estados de ánimo así como para liberarnos de los mismos en los tiempos naturales que necesitamos para hacerlo; nos quedamos estancados en los sentimientos difíciles y somos incapaces de trascender las cosas que nos pasan.
  • No se nos permite ser compasivos y comprensivos con nostros mismos. Nos educan en sentido contrario para esto y si una persona muestra compasión hacia sí mismo, se toma por un movimiento de vanidad o egocentrismo y no es cierto. Una persona debe desarrollar compasión consigo mismo en primer lugar para ser capaz de hacerlo con los demás. Si esto se hace con humildad nada tiene que ver con la vanidad ni el egoísmo.
  • No se nos permite desarrollar nuestro potencial. Esta vida a toda prisa que llevamos y llena de obligaciones, hace que a partir de cierta edad, abandonemos las cosas que hacemos de forma natural y que nos encanta. La mayoría de las personas no tienen una afición determinada por falta de tiempo y sin embargo, es una de las cosas que mejor nos hace sentir.
  • No se nos permite reconocer nuestros éxitos. Estamos muy acostumbrados a reconocer y celebrar el éxito de los demás, sin embargo el reconocer los nuestros se tacha de vanidad y generamente está muy mal visto.

Como resumen, esta sociedad no nos permite vivir en coherencia, con lo que somos y con lo que sentimos y así , nuestra autoestima, va disminuyendo día a día, sin darnos cuenta.

Pues bien, desde ahora y en las próximas semanas, trabajaremos para detecta en qué puntos, todo esto nos ha ganado terreno y ver de que forma podemos tornar nuestra forma de pensar y de actuar para cambiar y elevar nuestros niveles de autoestima tan necesarios como punto de partida en la vida.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia

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1 comentario

  1. Anónimo

    Todo lo que dices tenemos que intentar aplicarlo diariamente y ser nosotros mismos….
    .y la foto es chulisima….muchas gracias

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