EL HABLA CONSCIENTE

Hasta ahora, hemos hecho un trabajo intrapersonal en una búsqueda de la persona que somos y de la relación que tenemos con nosotros mismos, sin embargo, en la mayoría de nuestras situaciones estresantes, están involucradas otras personas.

Vamos a comenzar a hacer un trabajo interpersonal, teniendo en cuenta el mundo de los otros.

Lo primero que debemos recordar es que somos parte de una Humanidad compartida. Todos los seres humanos tenemos sentimientos, preocupaciones y necesidades. Pero debemos tener claro que todos estos aspectos, difieren mucho de unas personas a otras en función de sus creencias y sus experiencias.

Por ello, debemos hacer un trabajo muy profundo de aceptación de que mis sentimientos, mis preocupaciones y mis necesidades, no tienen por qué parecerse en nada a los de las personas que me rodean.

En ocasiones, puedo sentirme incomprendido y solo en este sentido. Esto no significa que las personas que te rodean no te completen, significa que en primer lugar, esas necesidades has de cubrirlas tú, por ti mismo y en segundo, que debemos desarrollar las habilidades necesarias de comunicación para tener un acercamiento hacia los demás con asertividad, comprensión, tolerancia y compasión para que surjan entornos armónicos y amorosos.

De esta forma, avanzaremos en una reducción de nuestros niveles de estrés provocados aparentemente por los otros,  aunque en realidad,  son por la incapacidad que tenemos de relacionarnos y comunicarnos.

El habla consciente.

Desde nuestro nacimiento, empezamos un proceso de comunicación para atender a nuestras propias necesidades. El comunicarnos con nuestro entorno, hace posibles nuestras relaciones sociales y gracias a la comunicación, los seres humanos somos capaces de interaccionar de forma fluida y eficaz.

En este sentido, debemos tener en cuenta que la comunicación verbal supone un porcentaje no muy alto de la totalidad de la misma. Es la comunicación no verbal y la voz con la que nos comunicamos, la que completa este sistema de relación y cobra un protagonismo, mucho mayor del que pensamos.

Es necesario remontarse al año 1967 para descubrir, el origen del famoso porcentaje en los estudios sobre comportamiento no verbal del psicólogo Albert Mehrabian, conocido por su trabajo pionero en el campo de la comunicación no verbal. Llevó a cabo experimentos sobre actitudes y sentimientos y encontró que en ciertas situaciones en que la comunicación verbal es altamente ambigua, solo el 7 por ciento de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38 por ciento se atribuye a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono, etc.) y el 55 por ciento al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración, etc.). Dando lugar a la conocida “regla 7%-38%-55%”. Fuente: Club del lenguaje no verbal.

Ser un comunicador consciente es precisamente eso, ser partícipes de toda nuestra comunicación. Esto no es nada fácil, tiene mucho que ver con dominar nuestras emociones, con paciencia y con tolerancia.

La comunicación es todo un proceso complejo y donde combinamos multitud de creencias, experiencias y estímulos externos. El entrenamiento en practicar una comunicación consciente trae grandes beneficios, tanto a nivel de capacidad de comprensión de quien te escucha, como en la mejora de tus relaciones personales, sea en ámbito profesional o personal.

Pautas para desarrollar una comunicación consciente:

  • Sé honesto, contigo mismo y con los demás. Es uno de los valores principales de una comunicación consciente. Cuando alguien es honesto, es sincero, transmite verdad. Si no se cree en lo que se está diciendo, es muy difícil que la persona que  escucha le crea;  Puede haber falta de honestidad en las palabras, pero recuerda que eso es un 7% de la comunicación, el resto es inconsciente y si no eres honesto, contigo mismo y con los demás,  quien te escucha lo nota, lo percibe y pierde la confianza o el interés.  Cuando uno es honesto, su comunicación es más fluida y natural, con lo cual es más creíble y sobre todo, más interesante. Los seres humanos, en cuanto perdemos la confianza, activamos un mecanismo de desconexión hacia la persona que pensamos que miente o exagera un mensaje y de desinterés por el mismo.
  • Detente un segundo antes de comenzar a hablar. Cuando queremos expresar un mensaje, queremos hacerlo de forma inmediata. Recuerda que para que tu parte prefrontal del cerebro, la responsable de la agilidad mental esté a pleno rendimiento, debes respirar. Una respiración, un segundo permite esa conexión y podrás hacer una comunicación más adecuada, menos impulsiva y con mayor asertividad.
  • Se amable, practica la compasión. Si quieres conectar con alguien a través de la comunicación, la amabilidad, la empatía y la compasión son clave para esa conexión. Durante nuestra vida, tenemos que hablar con muchas personas, de diferentes edades, capacidades y circunstancias. Para cada oyente, has de establecer las palabras, el tono, el volumen, la velocidad y la expresión adecuada. Tomando conciencia de esto, lograrás el bienestar y la comprensión de quien te escucha. El poder de una sonrisa amable, de un gesto amable y de una comunicación amable es inmenso.
  • No hables si no es necesario; no hagas ruido. El 90% de lo que hablamos es en automático. En muchas ocasiones, tan solo hablamos por rellenar conversaciones de forma superficial. Si trabajas en un habla y una escucha conscientes, hablarás solo cuando realmente tengas algo que aportar, sin que te invada el afán de protagonismo, la impaciencia o sencillamente la reactividad inconsciente. De esta forma conseguirás credibilidad por parte de quien te escucha.
  • Cuida tu acento y tu dicción, no murmures. De esta forma, conseguirás una mayor comprensión de quien te escucha. Evalúa quien te escucha y aplica la empatía en este sentido. En ocasiones, debemos dirigirnos en nuestro día a día a muchos desconocidos que, en función de su edad y sus capacidades, sabemos que tendrán mayor o menor capacidad de comprensión. Adapta tu forma de comunicar a ellos.
  • Habla mirando a los ojos. Nos puede parecer algo muy poco trascendental el hecho de mirar a los ojos a alguien cuando hablamos con él, pero viendo qué porcentaje de comunicación se centra en la parte no verbal, no es algo que podamos menospreciar. Siendo así, mirar a los ojos a la persona con la que hablamos es un pequeño gesto, consciente o inconsciente, que nos permitirá conseguir grandes resultados: las personas nos atenderán mejor, querrán escucharnos y saber qué les queremos decir. Además, la seguridad y la cercanía que transmitiremos pueden dejar de nosotros una muy buena impresión. Harás un lazo de complicidad con quien te escucha.
  • No hagas corrillos. En ocasiones, en reuniones más o menos multitudinarias, solemos hacer corrillos con las personas que más afinidad tenemos en ese instante o con quien queremos compartir algo puntual. He de decirte, que en ese tipo de reuniones, si esto ocurre, casi siempre hay alguien que queda aislado de la conversación y al menos en ese instante, discriminado. Si te paras a observar en ese tipo de situaciones, podrás fácilmente identificar al discriminado y será un buen momento para entablar una conversación y desarrollar tu tolerancia.
  • Evita hablar de quien no esté presente. La crítica es una especie de deporte nacional, sobre todo cuando las personas que son criticadas no están presentes. Cuando hacemos esto, nos instalamos en un diálogo malicioso, injusto y sobre todo cobarde. Evita hacerlo y si te es posible, evita que otros lo hagan en tu presencia, es tan fácil como pedir por favor que no se hable de alguien que no está delante, de forma educada y sin increpar a nadie. Esto dará una imagen de personalidad.

De esta forma, podrás trabajar y mejorar paso a paso, tu forma de comunicarte con el mundo exterior y podrás percibir grandes cambios en tus relaciones. La semana que viene trabajaremos la escucha como complemento a este trabajo