LA ESCUCHA ATENTA

Tal y  como comentábamos en el punto anterior, nuestro nivel de comunicación a la hora de hablar, es un 90% en automático, imagina cómo es nuestro nivel de escucha; pues tal y como estás pensando, es igual o peor .

Cuando escuchamos, intentamos quedarnos con la base del mensaje en los primeros segundos y de esta forma, poder preparar una respuesta lo más elaborada posible.

El problema es que cuando nuestro cerebro empieza a elaborar esa respuesta, tu nivel de escucha queda mermado de forma muy significativa y por lo tanto, tu comunicación no será correcta. El inconsciente y tus creencias limitantes se ponen en marcha, ya que conectas el modo automático y no tendrás conversaciones inspiradoras o de aprendizaje.

Además, nuestra calidad de la escucha va a variar mucho en función de quien te esté hablando; evidentemente, todos tenemos grupos de personas a las que nos apetece más escuchar, como pueden ser nuestros amigos más afines y grupos a los que no nos apetece nada o casi nada, como puede ser en ambientes laborales donde las relaciones personales no son elegidas.

En este sentido, debemos hacer un trabajo de observación de nuestra calidad de la escucha. Para tener una buena comunicación, debemos trabajar en tener la misma calidad en todos los ámbitos de nuestra vida como son familia, amigos, conocidos y desconocidos.  Cuando te paras a observar esta calidad de tu escucha, ves que es muy diferente de unos grupos a otros y lo que hacemos es estar a merced de nuestra mente que funciona en automático y nos manda la información que recibimos totalmente condicionada por nuestros esquemas mentales.

Si realmente quieres abrirte a una comunicación auténtica, donde los mensajes que te lleguen produzcan algún efecto en ti, debes tener una escucha atenta y las claves para esto son:

  • Escucha abierto a percibir toda la comunicación del que te habla. Escucha con atención y hazte consciente de su comunicación no verbal, de su voz, de su tono, de su mirada y percibe sus emociones. De esta forma, el mensaje te llegará de forma íntegra y podrá hacer el efecto en ti que pretende.
  • No interrumpas al que habla hasta que termine. En ocasiones, cuando tenemos esa respuesta elaborada desde el subconsciente, nos sentimos ansiosos por darla e interrumpimos al que nos está hablando, rompiendo completamente su mensaje. De esta forma, la persona que habla se siente invadido y percibe falta de respeto por tu parte por no dejarle terminar.
  • Date cuenta cuando tu mente se va de la escucha. Podemos estar escuchando a alguien que tiene un mensaje que no nos interesa demasiado o que lo hace de una forma un poco retórica. Esto hace que nuestra mente pierda el interés e intente evadirse en otros pensamientos, dejando nuestra cara puesta como oyentes, pero sin prestar atención. He de contarte que en la mayoría de las ocasiones, la persona que habla percibe este gesto y la conexión se rompe completamente. Si quieres tener relaciones personales armónicas, debes entrenar y al igual que en la meditación eres capaz de volver a prestar atención a tu ejercicio, en la conversación debes volver inmediatamente a la escucha cuando percibas que te has ido.
  • Respeta los ritmos, las pausas y los silencios de otros. Estos tres elementos, son fundamentales a la hora de comunicarnos. Cada ser humano, tiene unos ritmos para estos tres elementos en función de su agilidad mental y su preparación en el tema que está tratando. En este sentido, normalmente somos bastante intolerantes y las personas más lentas que nosotros, nos ponen algo nerviosos. De nuevo, esto lo percibe quien te habla y rompe esa conexión tan necesaria para tener una buena comunicación. Cuando te encuentres en esta situación, debes escuchar atentamente y si percibes que empiezas a ponerte nervioso, utiliza tu respiración para calmar tu mente y seguir en lo que estás.
  • Analiza tu relación con los silencios de los otros. Este es un indicador maravilloso para evaluar tu nivel de tolerancia y aceptación de que las cosas ocurren a su ritmo. Utilízalo y evalúate al respecto. Los silencios son momentos de conexión en la expresión no verbal y si nos ponemos nerviosos, no hay forma de esconderlo. El trasmitir conexión en los silencios de quien te habla como es fijar la mirada, una pequeña sonrisa o un micro gesto de interés, hace que la complicidad sea real y darás confianza al que te habla.
  • Respira antes de tomar la palabra. Igual que hacíamos en el habla consciente, una vez que la persona haya terminado de hablar y solo en ese instante, tómate un segundo para respirar y tu cerebro será entonces cuando esté preparado para elaborar una posible respuesta, desde el consciente y con toda la información que te han transmitido.
  • Olvida los tiempos. Cuando estás escuchando a alguien, no debes permitir que los tiempos te condicionen en tu nivel de escucha. Si no tienes más remedio que marcharte, es mejor explicarlo y dejar la conversación antes que mostrar impaciencia que hará que no sea una conversación de calidad.
  • Atiende realmente. En estos tiempos, hay un arma letal para la calidad de nuestras conversaciones y es el teléfono móvil. Debido a la cantidad de notificaciones visuales y sonoras que nos entran en este dispositivo, debes perderlo de vista en tus conversaciones. Cuando estamos atentos a dispositivos móviles en conversaciones, además de romper la conexión completamente, hacemos que la persona que habla, sienta un desinterés evidente por su mensaje. Parece mentira pero este es uno de lo puntos más dañinos actualmente en nuestras conversaciones, sean de la índole que sean y nos generan muchos conflictos.

Escuchar es inclinarse suavemente con la voluntad de ser cambiado por lo que oímos” Mark Nepo

EL MIEDO COMO PROTAGONISTA DE NUESTRA COMUNICACIÓN

Como inicio vamos a hablar un poco de esta emoción, tan básica y tan poderosa en los seres humanos.

Es una emoción básica porque es del grupo de emociones innatas y nacemos con ella por un objetivo fundamental, la supervivencia. La función principal del miedo es ponernos en alerta ante un estímulo para evitar sufrir daño.

En nuestra cultura, el miedo es un símbolo de debilidad, de vulnerabilidad; agotamos mucha energía en combatirlo, en intentar superarlo.

Esta emoción, es la primera que nos limita ante una escucha real. ¿Cómo puede el miedo afectarnos en nuestro sistema de comunicación?

Nuestra necesidad tan desarrollada de aprobación externa, nuestra dependencia de pertenencia a un grupo, nuestros complejos, nuestras creencias limitantes, hacen que el miedo domine mis pensamientos inconscientes a la hora de practicar la escucha.

¿En qué ocasiones ocurre esto principalmente?

  • Cuando queramos obtener algo de una conversación; cuando estamos enfocados en un objetivo final, tu mente no te deja expandir la atención hacia la escucha y el mensaje que el otro tenga para ti. Tu pensamiento está focalizado en el resultado y hará que tu conexión no sea real, no podrás desarrollar la empatía necesaria y la actitud de apertura no será la óptima. Por ejemplo, cuando vamos a una entrevista de trabajo podemos tener dos actitudes, mostrar mi valía profesional pensando que si ese trabajo es para mí me lo darán o mostrarnos nerviosos por pensar que no somos lo suficientemente buenos y que algo va a salir mal y se me va a notar. Entre una actitud y otra, la entrevista será completamente diferente y siendo la misma persona, la primera será la única que tenga opciones de éxito. La escucha real hará que contestes de forma coherente y aproveches tu potencial al máximo; para ello, debes estar presente y controlar tu pensamiento sin dejar que tu mente divague atrapada por el miedo a que no te den ese trabajo.
  • Miedo a no tener una respuesta lo bastante buena. En muchas ocasiones en nuestra vida, alguien puede acudir a nosotros pidiendo nuestra opinión, puede ser en un ámbito personal o profesional. Generalmente y como comentábamos al principio de este capítulo, escuchamos de forma presente los primeros segundos y a partir de ahí, empezamos a fabricar una respuesta, cerrando la posibilidad a obtener toda la información que el otro tiene para nosotros; por supuesto seremos incapaces de percibir el lenguaje no verbal y la emoción con lo que la escucha será muy deficiente. Además, esa necesidad de aprobación externa que tenemos, hará que sepamos o no la respuesta, queramos dar una solución y en ocasiones, damos consejos y soluciones realmente desafortunadas por el hecho de darlas, sin una base experiencial que avale nuestra opinión.  Mientras no tenemos las respuestas elaboradas, nos sentimos incómodos, inseguros y se nos nota en nuestra expresión corporal ayudando a la desconexión de los interlocutores.

Cuando escuchamos con apertura, sin agenda, sin buscar una respuesta, escuchamos desde el corazón, escuchamos lo que sucede dentro de nosotros, dejando a un lado el juicio, las interpretaciones y adoptaremos una actitud de humildad, no dando respuestas cuando no las tengamos.

Ten en cuenta, que en muchas ocasiones, cuando alguien te solicita para que le escuches, solo quiere ser escuchado, ni siquiera quiere una respuesta o un consejo. En estas situaciones, la escucha real es fundamental y la única respuesta que hay si no se requiere otra por parte del otro interlocutor, es el acompañamiento.

La llave de una escucha consciente es el no controlar ni dirigir lo que está pasando.