Post Semanal

HABLEMOS DE LA CULPA

La culpa es una de esas emociones que nos acompañan y aunque no nos guste, no la podemos evitar. Además, pertenece a ese grupo de emociones, que lejos de servirnos para crecer, lo que hace es paralizarnos y no permitirnos avanzar con los sentimientos que nos produce. Me gusta decir que la culpa es una compañera de viaje molesta, pero que esta ahí y como no nos podemos librar de ella de forma definitiva, debemos aprender a gestionarla para convertirla en algo útil y sobre todo para quitarle el poder negativo que tiene sobre nosotros.

¿De donde viene la culpa?

Esta emoción, nos viene cuando sentimos que no estamos cumpliendo una serie de exigencias y expectativas sobre nuestra persona y eso nos hace sentir fatal. Un sentimiento de decepción con nosotros mismos nos inunda y nos sume en emociones como la tristeza, la vergüenza, la ira y la frustración.

En muchas ocasiones, estas expectativas o exigencias, nos vienen desde la infancia. Nuestros padres, educadores o el propio entorno social en el que hemos crecido, nos han trasmitido estas exigencias y las hemos ido forjando en nuestro interior hasta convertirlas en verdaderas creencias.

Por ejemplo, a las mujeres de mi generación nos han educado para ser buenas niñas, para no gritar, no enfadarnos, para ser buenas hijas, hermanas, madres, para ser limpias, ordenadas, buenas estudiantes y de adultas buenas profesionales. Para ser delgadas, deportistas y las mejores amantes para con nuestras parejas. A los hombres, se les educa para ser fuertes, para llevar el peso de su familia, para no llorar ni mostrar debilidad ni sensibilidad porque eso es de poco hombre, para ser buenos padres, grandes profesionales que ganen dinero porque tienen la responsabilidad de mantener a sus familias y que no les falte de nada, para ser capaces de tomar decisiones siempre….

Y decidme ¿quien puede cumplir con esto todos los días, toda la vida…? yo personalmente tengo días de todo. Hay días en que no me apetece limpiar, días en que no me apetece estar jugando o atendiendo a los niños, días en los que no soy productiva en mi trabajo, días en los que me siento triste sin saber ni por qué y días y días en los que no cumplo con esas expectativas de mujer que me enseñaron….

Todos los días incumplimos con esas expectativas de nuestro interior sobre lo que debe ser una persona y ¿que quieres que te diga? ¿de verdad te parece lógico dejar que la culpa aparezca por ser sencillamente, personas normales? creo que el error está en el concepto que nos hemos hecho sobre lo que debemos ser y no en la persona que somos.

Este post no se trata de culpar a tus padres, a tus educadores y al mundo de lo que te pasa. Eso sería victimizarnos y no sirve absolutamente para nada. Te ha tocado crecer en la época en la que te ha tocado y no lo puedes cambiar. Pero ojo, esto no queda aquí. Tu responsabilidad es indagar un poco en el origen de tus creencias y tomar las riendas de tu propia vida para cambiar lo que sin sentido, te haga sufrir y no quedarte ahí , culpando al mundo de lo desgradiado que eres.

Te propongo que te pongas en marcha con la gestión de la culpa. Cada vez que sientas que llega, que te invaden esos sentimientos tan desagradables, para, respira y analiza un minuto de dónde te viene esa creencia. Estoy segura que localizarás enseguida su origen.

Te pongo un ejemplo muy sencillo: esas montañas de ropa para planchar siempre nos generan culpa y si paras y respiras, seguramente verás que a tu madre también le generaba esa culpa y por lo tanto, la veías horas interminables planchando la ropa de toda tu familia. Ahora, valoramos mucho más nuestro tiempo libre y sobre todo, valoramos más atendernos en ese tiempo libre y esas montañas de ropa se acumulan bastante más que lo hacían en casa de nuestras madres. Cada vez que sientas que se enciende esa culpa, escucha esa alarma y no te tortures.

Mira tu creencia y revisa que estás haciendo en tu vida que hace que te sientas así. Toma las riendas y actúa. Siguiendo con el ejemplo de la plancha, yo tengo varias opciones: ponerme un horario para planchar, repartir esa tarea entre los miembros de la familia que puedan hacerlo o si te lo puedes permitir, contratar a alguien que lo haga. La opción que no es buena es la de acumular la ropa y que esa imagen te torture cada semana.

Este es un ejemplo muy básico, pero si empiezas a escuchar esa alarma de la culpa, encontrarás un montón de cosas tanto en el ámbito personal como en el profesional que podrás modificar y tomar la responsabilidad para ir minimizando ese sentimiento de tu día a día.

Los pensamientos generan sentimientos y éstos emociones. Si conseguimos modificar nuestros pensamientos, rompemos ese axioma tan tóxico y los sentimientos que generan esa emoción de culpa, poco a poco se pueden diluir.

Debes saber que la culpa es una de las cosas que afectan directamente a tu autoestima, ya que si no modificas esas creencias y te pasas el día sintiendo que te decepcionas a ti mismo.

No se trata de pasar de todo, se trata de modificar esas expectativas de perfección imposibles de cumplir y definir qué personas queremos ser en todos esos ámbitos con el fin de ser lo suficientemente buenos y no perfectos.

Podemos tener días malos y no por ellos sentirnos fatal con nosotros mismos, todo lo contrario, si sentimos que somos lo suficientemente buenos en lo que hacemos y tenemos un mal día, nos cuidaremos y nos atenderemos porque entenderemos que lo necesitamos.

Cuando usamos la culpa para maltratarnos y nos victimizamos de lo que nos han trasmitido, estamos en un comportamiento infantil.

Cuando usamos la culpa para entendernos y trasformar lo que nos pasa en apredizaje, cuando nos levantamos de estos momentos con humildad, cuando tomamos la responsabilidad de nuestra propia vida, estamos en un comportamiento adulto y maduro.

Hay sentimientos de culpa que no vienen directamente por expectativas sobre nuestra propia persona, sino por culpas que hemos heredado de otros. Por ejemplo, padres que les dicen a sus hijos que por haberlos tenido, no cumplieron su sueño, no ganaron más dinero, no viajaron, en definitiva, los culpan de su falta de felicidad. Estas culpas son más difíciles de gestionar, pero cuando las localizamos, podemos responsabilizarnos de nuestra vida y soltarlas sin volver a caer en la victimización. Nadie tiene la culpa de lo que nos pasa y aunque no eres responsable de lo que te han hecho, si eres responsable de qué hacer con lo que te han hecho.

Importantísimo para las personas que no saben decir que no porque se sienten culpables, por ejemplo, con los hijos. Cuando sentimos culpa y lo utilizamos como excusa para decir que no, debes saber que eso es una incapacidad personal para establecer límites, contigo mismo en primer lugar y con los demás posteriormente. Trabajar esta parte desde la conciencia , puede ayudarte a entender y modificar estas conductas tan perjudiciales para ti y para los que te rodean.

Especial cuidado con personas que sienten culpa por casi todo en su vida. Este es un sentimiento que genera mucha rumiación y por lo tanto, se va convirtiendo en un círculo vicioso que puede terminar en patologías como la depresión o caer en adicciones evasivas poco recomendables que esconden un sentimiento horrible sobre su propia persona.

Recuerda que el que desarrolla la emoción de la culpabilidad eres tu, debes ser tu quien decida qué cosas deben generarte culpa y que cosas no . Cuando hagas algo que va realmente en contra de tus valores, toma responsabilidad, aprende y corrige. Cuando detectes que son exigencias familiares, sociales, cambia esas expectativas imposibles de cumplir o que en estos momentos, ya no tienen sentido en tu vida.

La toma de conciencia y la Meditación son herramientas fundamentales para poner orden en todo esto y poder detectar y modificar lo necesario. Desde un punto de vista de Mindfulness, entenderemos, aceptaremos y acogeremos la culpa con ecuanimidad, sin victimizarnos y con un sentimiento de compasión hacia nosotros mismos que nos pondrá en marcha en los cambios necesarios.

Di adiós a la culpa y hola a la coherencia.

Tomando conciencia, viviendo en Coherencia.

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

1 comentario

  1. Delia Romero

    Totalmente de acuerdo, cuando dejas de lado las expectativas para con los demas es cuando tomas conciencia de tu realidad y las riendas de tu vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.