¿Recuerdas alguna ocasión en tu vida en la que te hayas propuesto hacer algo que necesitabas, que sabías que era beneficioso para ti o que sencillamente te apetecía y pasados unos días o semanas, fuiste perdiendo el entusiasmo inicial hasta abandonar por completo esa actividad? Seguro que recuerdas más de una…

El ser humano, tiene dos cualidades de las que poco se habla y que me parecen fundamentales para poder avanzar en la vida. Son la voluntad y la pasión.

Cuando queremos introducir un nuevo hábito en nuestra vida, por ejemplo, hacer deporte o practicar meditación, nos apuntamos a un curso , nos compramos todo el material y nos llenamos de ilusiones visualizando un objetivo final con el que pensamos que estaremos mucho mejor.

Esta sociedad de las prisas y la inmediatez, no asume que todo tiene sus tiempos y que cualquier cosa que queramos necesita de mucha voluntad, esfuerzo y constancia para poder conseguirla.

La voluntad es la capacidad del ser humano para posponer un resultado de forma voluntaria y con el fin de convertirlo en algo sólido y que cumpla unas expectativas determinadas. Las personas con fuerza de voluntad son personas con la capacidad y la paciencia para la obtención de objetivos a base de pequeños pasos, con seguridad y consistencia para que un sobre esfuerzo no suponga un cansancio prematuro.

Además, en este momento entra en juego la pasión. Esta cualidad es el complemento perfecto para fijar esos pequeños objetivos ya que ésta, saca nuestra mejor versión, nos motiva para una mayor neurogénesis cerebral que es fundamental para procesos de aprendizaje y nos muestra parte de nuestro potencial.

Todos tenemos ambas cualidades, voluntad y pasión. Si realmente queremos conseguir aquellos objetivos que nos vamos proponiendo en la vida, debemos ser conscientes de ambas. El cerebro aprende a base de repetición y lo que en un principio, supone un esfuerzo que requiere mucha voluntad y esfuerzo, poco a poco, se va convirtiendo en hábito. Ponerle pasión a estos cambios vitales, es el empuje perfecto para no abandonar.

Todas las cosas que queremos integrar en nuestra vida, requieren de esfuerzo, de voluntad, de trabajo, mucho trabajo y sobre todo, de pasión. Ilusiónate y hazte consciente de tus logros por pequeños que sean.

En grandes sueños, pequeños pasos son los que te conducen a ellos. Siempre que sientas pereza a la hora de ir trabajando en la integración de un hábito, da un pequeño paso, lo mínimo que puedas hacer pero lo suficiente para no sentir que abandonas. De esta forma, no aparecen las emociones limitantes relacionadas con el fracaso y si florecen las que tienen que ver con el éxito.

El mindfulness te provee del nivel de conciencia necesarios para utilizar tu voluntad y buscar tu pasión en cada cosa que te propongas, solo te falta disfrutarlo.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia