La última semana hablamos de inteligencia emocional. Tal y como detallamos, la importancia de saber reconocer y gestionar determinadas emociones básicas, es la clave para poder trabajarnos en este sentido. Esta semana comenzamos con una de las mejores emociones de las llamadas, básicas.

Esta semana hablamos de la Alegría.

Esta sociedad tiene una especie de culto al mal humor, parece que las personas enfadadas, son personas preocupadas, profesionales y muy ocupadas. Sin embargo, las personas alegres, son etiquetadas como superficiales e inmaduras. Desde pequeños, nos enseñan a reprimir nuestras expresiones de alegría y llegamos a adultos tan ridículamente marcados por esto, que cuando se nos pone delante de nosotros una persona risueña y alegre, tendemos a juzgarlos por «infelices», ¿curioso no?

La alegría es una emoción muy grata, que nos activa y nos llena de energía y de ilusión. Inhibe los sentimientos negativos y aquieta los estados de preocupación del ser humano que la siente.

La alegría se produce cuando ocurre algo que deseamos, puede ser algún motivo externo, que dependa de otros o algún objetivo personal por el que nos hemos esforzado y lo hemos conseguido.

Es muy importante rodearnos de personas que viven este tipo de emoción, ya que tiene un efecto contagioso. Cuando una persona transmite esta emoción, atrae a la gente que le rodea. Esto hace que reforcemos nuestras conexiones sociales.

Además, esta emoción se produce cuando superamos una situación dolorosa y pasamos a un estado más placentero. La vida está llena de dificultades y cuando nos trabajamos salir de ellas, podemos reforzar nuestro estado de ánimo de forma muy significativa.

Tomar conciencia de esta emoción, nos permite sentirla en su totalidad, ya que como sabes, todas las emociones tienen un efecto en nuestro cuerpo y esta emoción en concreto, tiene efectos muy agradables. Por otro lado, la alegría es muy beneficiosa para la salud, ya que mantiene el equilibrio físico-psíquico haciendo que los mecanismos de estrés estén menos activos con las consecuencias tan positivas que eso tiene para nosotros.

Sentir alegría es la base de una vida feliz. En muchas ocasiones, por tratarse de una emoción de las llamadas positivas, no le prestamos demasiada atención, tan solo la disfrutamos. Hemos de estar atentos y evaluar si está presente de forma continuada en nuestra vida o son contadas las ocasiones en las que la sentimos. Cuando la alegría no nos acompaña en nuestro día a día, corremos el peligro de estar cayendo en situaciones monótonas o de tristeza continuada.

La alegría tiene mucho que ver con personas que tienen bien identificadas sus necesidades básicas y las cubren ; tiene mucho que ver con personas con una autoestima saludable y con personas que se trabajan vivir desde y con amor. Estar alegre es una cosa y ser feliz es otra. La primera es circunstancial y la segunda en un estado interno continuo. Pero recuerda, necesitas la alegría para poder tener una vida plena y feliz.

Identifícala, vívela con conciencia y foméntala en tu vida.