Cuando trabajamos la gestión de la ira es crucial haber hecho esa gráfica que te comentaba en las instrucciones para tu diario de mindfulness.

Una vez identificada nuestra forma de actuar esta emoción en nosotros, debemos establecer estrategias de gestión.

Observa tus momentos de ira esta semana. En el momento en que percibas que te estás enfadando, toma conciencia del motivo de tu enfado, respira y date cuenta si es por una acción específica de otro o es por una mala gestión de la situación por tu parte (una ofensa que te molesta porque te sientes vulnerable, un ataque a tu ego, un reproche que te recuerda que algo no estás haciendo bien…) sobre todo, toma conciencia de si te estás victimizando porque estás sufriendo un daño real o porque estás intentando evadir tus propias responsabilidades ante una situación que no te gusta.

Una vez tomada conciencia de esto, actúa. Si es una agresión directa, párala, con tranquilidad, sin gritos, hablando de lo que tu estas sintiendo y sin acusaciones pero poniendo en la mesa tus límites y tu firme intención de no permitir que esto ocurra.

Si detectas que te estás victimizando, intenta no explotar y apartarte de esta situación para reflexionar sobre lo que está ocurriendo.

Si no lo puedes evitar y ves que has llegado al momento de explosión, intenta respirar y sobre todo, apártate de esta situación antes de tomar una actitud agresiva. Más vale una retirada a tiempo que arrepentirte después. Aléjate, date tu espacio, descarga esta reacción con ejercicio físico si es necesario y cuando se haya enfriado la situación, puedes intentar abordarla con tranquilidad.