EL SUFRIMIENTO DEL DESCONFIADO

Las desconfianza es un hábito de pensamiento que trae consigo una gran cantidad de sufrimiento.

Personas mal pensadas, personas desconfiadas que se pasan la vida esperando la traición o la decepción de los que les rodean y tanto buscan que terminan provocando la profecía autocumplida y encontrando esa traición.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, la percepción de la realidad depende de las creencias y las experiencias de cada persona con lo que , la fiabilidad de lo que es un pensamiento bueno o malo, no la tenemos.

El malpensado es aquel que siempre espera lo malo de cada situación, anticipando catástrofes o fracasos en todo lo que les rodea. Son personas que todo lo malinterpretan en pro de generar sufrimiento por anticipado.

Siendo esta una situación que realmente provoca tanto sufrimiento, ¿por qué las personas se hacen desconfiadas? Puede haber varios motivos:

  • Según tus creencias, claramente marcadas por el ambiente en el que te has educado. En familias donde se impone el temor como motivación, lo normal es que la desconfianza en ti mismo y en los demás, sea muy manifiesta.
  • Según las experiencias vividas, habiendo sufrido determinadas traiciones o fracasos que te han causado algún tipo de trauma. Esto puede dar lugar a un cambio en tus hábitos de pensamiento que te lleven a ser desconfiado.
  • Según nuestras expectativas. Este es uno de los grandes errores del ser humano, cuando lanzamos expectativas sobre las personas que nos rodean desde nuestro prisma personal que hará que el otro, difícilmente las pueda cumplir.

No hablo aquí de personas precavidas, personas cautas que en su vida, verifican todo aquello en lo que participan y que les da una seguridad en sí mismos que necesitan. Cuando hablamos de personas malpensadas, hablamos de personas que continuamente prevén el fallo ajeno por no cubrir sus necesidades o expectativas a base de hacer juicios de valor sin fundamento real.

El sufrimiento de estas personas se produce por muchas causas:

  • Viven en un estado de alerta permanente, en modo estrés y con las consecuencias que esto tiene a nivel físico y psicológico.
  • Tienen dificultad para relacionarse con los demás, por esa falta de confianza hacia los otros, que éstos perciben y los aleja.
  • El miedo domina todas sus decisiones y esto les limita profundamente
  • No encuentran el lado bueno de la vida porque siempre están rumiando la posibilidad de que se vuelva negativo.
  • No disfrutan de casi nada por esa necesidad de control tan exagerada.
  • Cada vez que algo sale mal, retroalimentan sus hábitos de pensamientos para así sentir que tienen razón y entran en un círculo vicioso sin salida.
  • Podemos educar a nuestros hijos en un ambiente temeroso y llenos de prejuicios, muy lejos de la tolerancia y la libertad de los demás.
  • La queja está muy presente en sus vidas y por lo tanto, viven en una frecuencia muy negativa de todo.

Las relaciones con los que nos rodean son indispensables para nuestra vida para nuestro bienestar y felicidad. Debemos entender que nuestras relaciones son bidireccionales y aunque en la vida te vas a encontrar personas con una falta de valores que pueda causarte algún daño por traición, lo normal es que la mayoría de las personas actúen contigo como tu lo haces con ellos. No podemos romper esa bidireccionalidad de nuestras relaciones, para evitar que ese pequeño porcentaje no llegue a nosotros porque esto nos hará quedarnos realmente solos.

Es mucho más interesante trabajar la confianza en ti mismo, la compasión y la resiliencia para cuando lleguen esos momentos en los que alguien te falle, que volverte desconfiado y desconectarte con los seres humanos de tu vida.

Ser malpensado no te va a evitar que alguien te falle, sin embargo, si te va a alejar de la gente con buen corazón.

En nuestras relaciones personales debemos ser generosos y honestos, debemos dar sin esperar a cambio si realmente quieres dar y sobre todo, recuerda que cuando confías en los demás, ellos se van a mostrar tal y como son para darte lo que tienen para ti.

Recuerda que los hábitos de pensamientos tan solo son hábitos, no van en nuestro código genético y lo más importante, se pueden cambiar.

Si te ves identificado en algunos de estos comportamientos, el mindfulness te puede ayudar muchísimo a tomar conciencia de esos hábitos, a llegar a tus creencias limitantes, a explorar en tus experiencias y sobre todo a cambiarlos.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia…