LA INUTILIDAD DEL ARREPENTIMIENTO

Para ser más exactos, este Post debería llamarse la carencia de utilidad del arrepentimiento, por quitarle una connotación negativa, que siempre que le damos un sentido negativo al comportamiento humano, hace que nos sintamos mal con nosotros mismos y esto no es una cuestión de torpeza personal, es una característica de casi todos los que hemos crecido en una cultura basada en el cumplimento de ciertas expectativas sociales, familiares que han nublado por completo la coherencia en nuestras vidas.

Como definición, el arrepentimiento es un sentimiento que aflora en nosotros cuando juzgamos desde el futuro, los hechos del pasado. Desde este punto de partida, ya parece completamente absurdo pensar que podemos hacer un juicio de valor de algo del pasado, cuando somos conscientes de que en aquel momento, carecíamos de la información que poseemos en el momento de emitir dicho juicio.

Pero lo peor de todo, es que el resultado de emitir estos juicios de valor, hacen aflorar sentimientos de arrepentimiento que desencadenan emociones paralizantes que nos producen mucho sufrimiento.

Por ejemplo, arrepentirme de determinadas decisiones personales del pasado, hace que rechace mi propia vida, como consecuencia de aquellas decisiones «equivocadas», con lo cual, rechazo el resultado de lo que soy, de lo que vivo y de como lo vivo. Esto me sume en una serie de emociones de tristeza, nostalgia, frustración y sobre todo, apatía hacia mi propia vida.

El arrepentimiento nos hace gastar una cantidad ingente de energía para poder afrontar esas emociones tan limitantes y siempre aparecerá con una pregunta que nos atormenta y que carece por completo de sentido hecha en un contexto futuro : ¿y si……?

Cuando nos hacemos esta pregunta desde el futuro creamos dos posibles escenarios:

  • Un escenario real, donde nos focalizados en lo negativo y juzgamos pensamientos, decisiones y acciones que han tenido consecuencias en nuestras vidas y por tanto, las han definido de alguna forma.
  • Un escenario imaginario, donde diseñamos una circunstancia diferente a la ocurrida, focalizando el resultado desde un lado positivo que nos sitúa en el peor escenario posible en nuestra vida actual.

Debemos tener en cuenta, que por nuestra propia naturaleza y la necesidad del ser humano de tener certezas de todo como instinto para su seguridad, cualquier decisión que tomemos en la vida, jamás hará que quedemos satisfechos de forma definitiva y siempre, podremos caer en este tipo de sentimientos que nos arrastren a la pérdida de coherencia con lo que queremos vivir y cómo lo queremos vivir.

La forma en la que podemos afrontar este absurdo no es muy complicada y entra en el sentido común que a veces, por nuestra falta de conciencia no aplicamos.

Debemos construir de cara al futuro, corrigiendo los errores del pasado con actos que arreglen lo que considere, las malas decisiones del pasado, pero jamás, repito, jamás, permitir que sentimientos de arrepentimiento me atrapen en un estado de amargura y tristeza por el resultado de mis actos.

Para hacer un trabajo productivo en este buscar las certezas en nuestra existencia, podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Soy la persona que tenía que haber sido o he perdido cosas por el camino? déjame que te diga, que la respuesta va a ser siempre, seguro que has perdido cosas por el camino.

Entonces nos preguntaremos ¿y para que me sirven esas malas decisiones que he tomado en mi vida? si solo nos focalizamos en lo negativo, no sirven para nada. Recuerda que tomaste esas decisiones por algo que en aquel contexto y sin tener la información futura, pensaste que era lo mejor.

Siempre que se elige, se pierde y se gana algo.

Es práctico mirar hacia atrás, si nos sirve para aprender , si se puede modificar o me ayuda a crecer como persona. Cuando algo no se puede cambiar, APRENDE.

Quiero hacer un guiño a un libro maravilloso que recoge la sabiduría y los pensamientos de personas en su lecho de muerte y del que salen sus 5 mandamientos para tener una vida plena

  • Ojalá hubiese tenido el coraje de vivir la vida que yo quería y no la que los demás esperaban
  • Ojalá no hubiese trabajado tanto
  • Ojalá hubiese tenido el coraje de expresar mis sentimientos
  • Ojalá hubiese mantenido el contacto con mis amigos
  • Ojalá me hubiese permitido ser más feliz.

Ref: «Los cinco mandamientos para tener una vida plena.» Bronnie Ware.

No olvides que el pasado nos informa para que, desde el presente, podamos definir nuestro futuro.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia.