El desarrollo de la Paciencia, es una de las bases de trabajo de Mindfulness. 

La completa apertura al momento presente, requiere de paciencia y aceptar, que cada evento sucede a su propio ritmo.  

Frases como: No soporto que me hagan esperar, vivo esperando el fin de semana, por qué el idiota de delante se ha parado… son frases cotidianas que lo único que nos muestran , es que no aceptamos que las cosas sean como son y culpamos a los demás por ello. 

La impaciencia, no tiene que ver tanto con la velocidad, sino con la falta de aceptación. La impaciencia habla el lenguaje de la resistencia y la inconsciencia, del rechazo, de la intolerancia, , mientras que la paciencia se expresa en forma de aceptación y de lucidez.  

Cuando ponemos el foco en aquello que no depende de nosotros conseguimos que nos invada la impotencia y la queja. Si ponemos la mirada en aquello que efectivamente depende de nosotros, evitamos que compañeros de viaje desagradables nos fastidien el día. 

Internamente sabemos que todo se despliega según su propia naturaleza. Depende de nosotros tener esto presente y permitir así que nuestras vidas se desplieguen del mismo modo. 

Ante la agitación y la turbación compulsiva de la mente, la paciencia es una alternativa siempre posible. Esto no significa que hagamos la vida más lenta. Podemos elegir actuar deprisa y con paciencia, con atención plena, pero con proactividad y ligereza.  La paciencia es una forma de sabiduría, es la capacidad de afrontar la experiencia con calma, especialmente si es difícil. Requiere el cultivo de la tranquilidad interior y de un grado de bondad y compasión hacia uno mismo y hacia la experiencia. 

Sabemos que cultivamos la paciencia cuando encaramos un retraso o una situación problemática sin quejarnos, al establecer metas y compromisos con ellas hasta alcanzarlas y sin dramatizar si algo escapa a nuestro control. Conseguiremos cultivar la paciencia con otros cuando lo hagamos primero con nosotros mismos. 

Mindfulness nos ayuda a prestar atención a nuestras impaciencias, a distinguir si nos mostramos impacientes con nosotros mismos, con los acontecimientos o con los demás. Nos invita a rascar la superficie para encontrar nuestras resistencias. 

Al detectar en nosotros la impaciencia, conseguimos contemplar la situación desde el observadora. Con atención plena podemos cultivar ahora la semilla de nuestra paciencia, no como una resignación pasiva, sino como un profundo respeto a que la vida siga su curso.  

La impaciencia es un apego a un resultado específico en un tiempo específico, donde tanto el resultado y los tiempos están fuera de nuestro control.  Siempre es un choque con nosotros mismos o los otros marcado por expectativas que probablemente nos produzcan frustración e incomodidad, sin permitirte vivir la experiencia en sí. 

Mindfulness trabaja el cultivo de la paciencia, como un entrenamiento en el desarrollo de la Paz interior, de la no necesidad de control, de aceptación de que las cosas suceden como tienen que suceder y de la toma de conciencia de la realidad sin más expectativas. 

Tomando conciencia, viviendo en coherencia