Los momentos de sufrimiento son momentos de profundo encuentro con nosotros mismos. Es una experiencia temida, terrible, que no queremos, y sin embargo, cuando nos toca, no tenemos más opción que quitarnos todas las capas externas, formadas para integrarnos en esta loca vida y encontrarnos con la persona que realmente somos, con nuestros verdaderos recursos, nuestros verdaderos valores…

Cuantas personas hay que tras una experiencia de sufrimiento profundo, sienten que ven la vida de otra forma, sienten que su forma de vivir a partir de ese momento va a cambiar sustancialmente y sobre todo, buscan una forma de pasar por la vida que les hace sentir plenos y felices, incluso después del sufrimiento pasado.

Esto no significa que le de un valor positivo al sufrimiento pero si insisto, en que hay que acogerlo sin demasiada resistencia, que no resignación y a través de una conciencia plena, podemos indagar en esas capas profundas de nuestro verdadero yo para cohesionar con la persona que realmente queremos y necesitamos ser.

Transitar el sufrimiento es muy desagradable, a veces sentimos que somos incapaces de superar determinadas situaciones y tras pasar por él, entendemos que aún quedando con una herida profunda para siempre, podemos volver a encontrar el sentido de la vida e incluso la felicidad, entendida como un sentimiento de que nuestra vida merece la pena.

Las emociones que acompañan a estos momentos, igualmente son emociones desagradables, de las que estamos acostumbrando a evadir, pero con una gestión emocional desde la conciencia, con un encuentro personal con esas emociones identificándolas y dejándolas estar,  podremos completar nuestro proceso, con una adaptación natural y sin quedarnos atrapados en momentos y emociones .

En la vida vamos acumulando momentos de profundo sufrimiento y en este camino, sentimos en muchas ocasiones que no hemos cerrado nuestras heridas por no saber cerrarlas.

La conciencia nos dará la oportunidad de hacerlo y continuar…

Tomando conciencia, viviendo en coherencia.