Este post sale desde mi alma al día siguiente de un rencuentro precioso y esperado. Anoche por fin, tras muchos meses, pude quedar a cenar con dos de mis buenas amigas y fue un momento mágico.

La emoción de volver a hacer cosas que te alimentan de energía de la buena, hace que poco a poco, vayamos recuperando la esperanza en este difícil año que hemos vivido.

La conexión la hemos mantenido, pero el contacto, el compartir una mesa, el volver a sentir la vibración, lo cambia todo.

En esta maravillosa cena, surgieron conversaciones sobre nuestro pasado juntas. Es inevitable hablar de batallitas que nos han marcado y nos recuerdan las mejores partes de nuestra vida. Y desde aquí, surge mi reflexión de hoy.

Muchas veces, nos adentramos en recordar tiempos pasados, filtrados por nuestro cerebro para seguir hacia adelante, donde en un contexto grupal, agradable, donde queremos disfrutar, esos filtros actúan de forma que solo vemos la parte buena de aquellos recuerdos y ¿que queréis que os diga? benditos filtros.

Anoche reíamos y llorábamos al mismo tiempo, cuanta energía, cuanta juventud, cuantas ganas de vivir recordadas y nos hacíamos una pregunta: ¿volveríamos a nuestra vida pasada? de la cual apenas queda solo esto, recuerdos…

La duda envolvía el ambiente y sin embargo, todas las que allí estábamos se puede decir que estamos disfrutando de un presente privilegiado. ¿por qué nos aferramos al pasado a base de recuerdos filtrados que para nada, recogen la realidad de una situación en su conjunto?

La búsqueda continua de la felicidad, entendida como un estado de bienestar permanente, hace que seamos unos completos inconformistas . Los estados de bienestar son temporales y por lo tanto, de ninguna manera se mantienen de forma estable en el tiempo. El bienestar es el conjunto de estímulos externos que nos proporcionan emociones, pensamientos y sensaciones placenteras y por lógica, es imposible estar ahí las 24 horas del día , los 365 días del año.

La teoría que más se acerca a mi percepción, es que la felicidad es un movimiento interno del ser humano, donde además de esos estados de bienestar vividos con plena conciencia , consiste en sentir que estás viviendo en coherencia con lo que quieres y eres. Pero vivir en conciencia también es trabajar, obligaciones, problemas y situaciones de sufrimiento inherentes a la propia vida.

Todas estas cosas, nuestro cerebro las borra de nuestra mente para escribir un libro precioso de recuerdos y ayudarnos a llevar el paso de los años con una visión positiva de lo que está siendo nuestra vida. Esto es una característica maravillosa que tenemos pero no debe hacernos perder el foco y pensar que volver al pasado, nos va a evitar la parte menos agradable de la vida.

Los recuerdos del pasado deben enseñarnos, deben recordarnos que todas las fases han servido para algo, todas las personas han tenido un sentido en nuestra vida y aunque no quede ni rastro de todo aquello, han conformado la persona que somos. Pero el pasado no debe determinar nuestro presente, donde somos más sabios, más maduros y sobre todo , somos personas con necesidades diferentes.

Hay una frase que es de mis favoritas y dice: debemos configurar un futuro ilusionante para vivir el presente con ilusión. Esta reflexión es la que debe regir nuestra vida si queremos tener un motivo para levantarnos cada día dispuestos a disfrutar.

Añorar es sano y saludable para nuestro recuerdo pero no debe sumirnos en tristezas, frustraciones y sobre todo, no debe alejarnos de nuestro presente, por el que luchamos cada día para que tenga sentido

Tomando conciencia, viviendo en coherencia