El verano es una época donde casi todos hacemos planes. Viajes, estancias en sitios de vacaciones, encuentros con familiares o amigos lejanos, son planes ilusionantes, que nos sacan de la rutina y nos dan un chute de energía positiva para todo el año.

A veces, los planes se tuercen, por imprevistos que no teníamos controlados y nos cae como una losa enorme una sensación de frustración y de injusticia, que tiene que ver más con nuestras expectativas de cómo tienen que ser las cosas y de cuánto nos merecemos que nos pasen solo cosas buenas.

Cuando esto nos ocurre, borramos de un plumazo la suerte que tenemos, todas las vacaciones que hemos disfrutado, todo lo maravilloso de lo que disponemos en nuestra vida y solo nos metemos en una victimización ridícula que le da todo el protagonismo a este incidente.

Esta semana, he tenido la oportunidad de experimentar una de estas situaciones y la comparto por aquí para darle normalidad, para desdramatizar y sobre todo, para volver a situarnos en lo que verdaderamente importa.

Como cada semana, te invito a profundizar en este tema a través de

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  • Instrucciones para tu diario de Mindfulness
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