La percepción del tiempo solo es un filtro personal de cada individuo a través del que ve la evolución de la vida.

A veces tenemos la sensación de que los días se nos hacen eternos y sin embargo, un tiempo después miramos hacia atrás y nos da la sensación de que el tiempo ha volado, de que la vida se nos escapa a borbotones y no nos damos ni cuenta. Esto denota que nos encontramos en un estado de hastío y creo que en este último año y medio, muchos de nosotros hemos tenido esta sensación en algún momento. El miedo es otro dilatador de los días, de los tiempos y todo pasa muy despacio, y la angustia de pensar que ese miedo nos domina, hace que percibamos que el tiempo no se termina.

El estado natural del tiempo cuando estamos bien, el presente se nos hace lento pero en positivo, tenemos la sensación de que nos pasan muchas cosas y somos conscientes de ello. Estamos presentes en cada día, en cada momento de nuestra vida, en cada fin de semana, en cada estación.

En contrapartida, cuando nos sentimos muy estresados, el tiempo corre a toda velocidad y nos da la sensación de que vamos todo el día corriendo detrás de un montón de cosas, de tareas, de obligaciones y de cargas de las que apenas somos capaces de ver.

Los niños llenan sus días y al no estar atrapados en el pasado ni preocupados por el futuro, el presente lo es todo y todo está lleno de exploración, de aprendizaje, sin condicionantes y todos los días hay momentos memorables.

Por esto, es muy interesante utilizar nuestra percepción del tiempo como termómetro de nuestra salud mental. Si nos sentimos bien, en nuestro ritmo, en el ritmo donde disfrutamos de las cosas, que no tiene por qué ser igual para todos, estamos en un presente donde le damos protagonismo a cada cosa que ocurre y saboreamos los tiempos buenos con conciencia.. Una canción que nos encanta, una puesta de sol, un viaje inesperado, un encuentro con alguien que queremos, cualquier situación que nos haga sentir bien.

Si sentimos que estamos algo pasados de revoluciones, de velocidad excesiva, probablemente estamos en momentos de estrés y en vez de disfrutar de las cosas, solo buscamos resultados. Si por el contrario, sentimos que nos aburrimos, probablemente es un momento para estimular nuestra vida.

La atención plena, el Mindfulness, nos ayuda a dar a cada momento el ritmo que necesitamos para disfrutarlo y podemos frenar aquellas cosas de nuestra vida que nos producen estrés y activemos las partes de nuestra vida que pensamos que nos está haciendo caer en una sensación de rutina, de apatía o de aburrimiento.

Trabajar la conciencia nos ayuda a explorar nuestra vida, nuestros momentos, nuestras realidades y convertir momentos que sin conciencia pasan sin que los veamos, puedan ser momentos memorables que nos hagan de disfrutar de cada día de nuestra vida, estemos en el momento de la vida que estemos.

No luchemos contra el tiempo, no forcemos los tiempos.

La ansiedad es un exceso de futuro, la depresión es un exceso de pasado y la salud mental es tener la suficiente cantidad de presente.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia…