Las expectativas son aquellas cosas que nos imaginamos que han de pasar en la vida, diseñadas desde nuestra imaginación y con la sensación de que casi son una realidad cuando las pensamos por el hecho de desearlas y sentir que nos las merecemos.

Pero la vida es mucho más caprichosa que todo eso. Cuando sientes que tienes el control sobre algo o alguien, ya se encarga la vida de darle la vuelta para que entiendas que no hay nada que controlar y que simplemente, estamos aquí, en un viaje apasionante para vivir lo que te toque en cada momento.

Meses de preparación, organización de vacaciones, niños, pareja, hasta la mascota colocada, todo preparado para irme una semana de retiro para practicar yoga, meditación, silencio, yo sola … ¿suena bien verdad?

Creo que no había planeado una escapada así en toda mi vida, porque este era el momento perfecto, esta era la semana. Pensaba que estaba todo controlado.

La noche antes de irme, el covid llamó a la puerta de casa y uno de mis hijos da positivo. Hemos cumplido lo que hemos podido las normas, en fin, como personas razonables y tras año y medio de pandemia, en la quinta ola, ¡¡¡¡¡ la noche antes!!!!!! POSITIVO. Jamás me gustó tan poco esta palabra.

Sentimientos de frustración, tristeza, injusticia y sobre todo, miedo. Varios contactos directos, llamadas para pruebas a todos, confinamiento por separado, en fin, la nueva normalidad en el summer covid.

Podía haberme enganchado a todos estos sentimientos iniciales, la ilusión era máxima, había hecho un esfuerzo económico importante, organizado vacaciones con mis compañeros, era esta semana o ninguna y podía pensar que tenía derecho a frustrarme, a amargarme .

Pero la sorpresa ha sido que esta calma que me aporta la meditación diaria, ha hecho que ese supuesto derecho a estar mal, lo haya cambiado por el derecho a estar bien. Mi cuerpo y mi mente se han resistido a estar frustrada pensando en lo que podía haber sido y no ha sido y he reinventado la semana.

Estudio y lectura pendiente, algo de trabajo que necesitaba hacer con tranquilidad, retomar mis rutinas de deporte y meditación y muchas horas de sueño del bueno. Cuidado de mi hijo y tiempo de calidad. Eso ha sido el resultado de mi semana covid.

La vida me vuelve a dar lecciones estupendas, lecciones que evidencian lo que tantas veces voy trasmitiendo en mis charlas y de esta forma, integro una manera de afrontar las dificultades que no se centra solo en el sufrimiento, que por supuesto lo hay, también se centra en las oportunidades de aprendizaje que cada cosa que nos pasa tiene para nosotros.

La capacidad de mantener la calma, de aceptar y de adaptarse de los jóvenes es alucinante. Ni una queja, ni un mal gesto, tan solo, hacen lo que hay que hacer. Una vez más, me encanta aprender de los que nos creemos que tienen todo que aprender y una vez más, me encanta constatar que me queda mucho , muchísimo que recibir y que dar.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia.