Uno de los trabajos más bonitos que podemos hacer si queremos un cambio en nuestra vida, en una búsqueda de una vida más tranquila y armónica, con menos estrés, es el trabajo en nuestro cuerpo.

Ya hemos hablado mucho en este blog sobre la importancia del movimiento, de la alimentación y del descanso. Evidentemente esta es la base fundamental para cuidar esta base física que nos sustenta a la vida.

Pero ¿Qué pasa con nuestra conexión cuerpo – mente?

Ilustración de D. Santiago Ramón y Cajal.- Estructura cerebral

Los estudios científicos, han demostrado ya en importantes publicaciones, que nuestro cuerpo recibe antes que nuestro cerebro, qué es lo que está pasando fuera, o dentro de nosotros.  A esto se le llama marcador somático.

Si nosotros estuviésemos bien entrenados y fuésemos capaces de percibir aquello que percibe nuestro cuerpo, podríamos tener una mayor conexión entre nuestro cuerpo y nuestra mente y anticiparíamos muchas cosas de las que nos pasan y nos hacemos conscientes mucho más tarde de lo que quisiéramos.

En el mundo de las grandes empresas, ya entrenan esto para anticiparse a los acontecimientos, a las oportunidades. Pero ¿Cómo podemos aplicar esto en nuestro día a día?

Por ejemplo, es muy interesante trabajar esto para poder hacer una buena gestión de las emociones. Imaginemos que somos capaces de captar cómo me siento ante un acontecimiento a nivel corporal y mandar esta información a mi cerebro mucho antes de que lo perciba la mente, para prepararme para la reacción emocional y que no sea una reacción descontrolada.

¿Cómo aprendemos a escuchar a nuestro cuerpo?  Tal y como vamos por la vida, todo el día corriendo, sin percibir apenas aquello que nos rodea, es muy difícil que seamos capaces de escuchar las señales de nuestro cuerpo, aunque este mande señales de casi todo lo que nos ocurre.

Cuando escuchamos a alguien que nos habla, nuestro cerebro da prioridad a las señales corporales sobre la propia palabra. Cuando esta persona transmite una incongruencia entre su expresión corporal y su mensaje, nuestro cerebro sabe que no nos está diciendo la verdad.  Transmitimos muchísimo más de lo que pensamos a través del cuerpo.

A partir de esto, podemos trabajar, desde la conciencia,  nuestra postura corporal para cambiar nuestros estados de ánimo, nuestra relación con los demás y nuestra actitud ante la vida.

Nuestro cuerpo y su expresión, es el que da sentido a nuestras emociones. Imaginemos una emoción como la alegría o la tristeza sin expresión corporal. La postura activa determinadas áreas cerebrales más o menos asociadas con la memoria y será esta parte del cerebro la que nos transmita la emoción correspondiente.

Como ejemplos, una postura encorvada, desactiva parte del hipocampo y ésta afecta directamente a la memoria. Pensemos en el tiempo que estamos en esa postura cuando miramos el móvil… Fruncir el ceño, activa nuestra amígdala que es ese interruptor para estar alerta, para activar los mecanismos del estrés.

Además, nuestra postura corporal influye de forma determinante en nuestro sistema endocrino, pudiendo controlar con entrenamiento la mayor o menor emisión de cortisol (hormona del estrés), endorfinas (hormona del bienestar), etc…

Cuando entrenamos salir del automático, podemos tomar conciencia de nuestra postura durante nuestro día a día, especialmente en situaciones que nos estresan.

Mediante la respiración y la percepción de nuestras sensaciones corporales, en las situaciones donde sentimos que estamos más nerviosos o incómodos por la circunstancia que sea, podemos adoptar de forma consciente, una postura y un gesto que nos ayude a frenar esa explosión de estrés.

La forma de caminar, la forma de sentarnos, la forma de mantener más o menos erguida la espalda, la forma de gesticular, nuestra expresión facial. Esta postura y expresión influye en la memoria, en el bienestar, en la cognición, en el control de la ansiedad y previenen enfermedades progresivas como es el Alzheimer.

¿Qué parte del cerebro procesa principalmente el cuerpo?

La propiocepción es esa percepción que nuestro cerebro tiene sobre nuestro cuerpo, regula y coordina el movimiento y esto que parece que es algo básico, en los últimos años se le ha dado una importancia enorme porque ahora se sabe que esta propiocepción, influye en otras áreas del cerebro de forma determinante como son el área de la memoria, de la atención, en los mecanismos de estrategia y toma de decisiones.

Si entrenamos la conciencia de nuestra propiocepción, seremos capaces de influir en esta activación neuronal y en función de mi postura, podré regularme emocionalmente. Por otro lado, entrenar la percepción de nuestro cuerpo, nos ayuda a percibir las señales del cuerpo de las personas que nos rodean y así, establecer conexiones personales o profesionales más adecuadas.

Imaginemos una situación donde nos sintamos que estamos siendo tratados de forma injusta. Si no estamos entrenados, probablemente nuestra postura empieza a cerrarse, a encogerse y lejos de ayudarnos a defender nuestra posición, hará que nos sumamos en una sensación de injusticia percibida y que no nos defendamos o se desencadene una emoción de rabia que haga que perdamos los papeles. Si somos capaces de tomar conciencia de lo que está ocurriendo, seremos capaces de corregir esa postura corporal y acompañarnos a una corrección hacia una postura abierta, de humildad, de aprendizaje, de seguridad, de compasión hacia la otra persona si procede y sobre todo, de control emocional que me lleve a defender mi posición con mayor asertividad y sin reaccionar de forma que luego me pueda arrepentir.

Otra situación puede ser una circunstancia que nos da miedo, una entrevista, un examen o una exposición de un proyecto ante un cliente, superior, etc… Son situaciones donde nos estamos jugando algo importante para nosotros y el miedo nos acompaña siempre. Si en esta situación, somos capaces de adoptar la postura adecuada, podremos regular las emociones que vayan surgiendo sin perder nuestra seguridad en nosotros mismos y no perder la concentración.

Al final se trata de entrenarnos para estar atentos, una vez más a nuestro interior, a lo que sentimos y a partir de ahí, hacer las correcciones corporales necesarias para mantener el equilibrio ante situaciones difíciles y que hagan que no perdamos la capacidad interna que tenemos para afrontarlas.

Dar el lugar que le corresponde y la importancia al cuerpo y a su mensaje, nos abre un mundo de posibilidades en nuestra gestión emocional infinitas. Empecemos por escuchar al cuerpo, ese entrenamiento sencillo de meditación a través del body scan que nos enseña a estar atentos a cada una de sus partes.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia.