La aplicación de las técnicas de Mindfulness en las empresas está creciendo de forma exponencial. Las publicaciones sobre los beneficios que esta disciplina tiene para el mundo laboral, son cada vez más evidentes y desde grandes compañías, ya se han establecidos hábitos para la formación y práctica en sus plantillas de forma rutinaria.

Nos situamos en una sociedad donde nuestro acceso continuo a las nuevas tecnologías, ha hecho el hábito en nuestro cerebro de saltar nuestro foco de atención de un lugar a otro de forma continua, impidiendo que podamos centrarla en una tarea, más allá de unos minutos.

Nuestro cerebro opera de la siguiente forma:

Cuando estamos trabajando concentrados en algo específico, nos encontramos en la red neuronal de experiencia directa, la mente está presente, conectada, disfrutando y apreciando lo que está desarrollando.

Cuando nuestra mente se distrae de forma automática, por este hábito adquirido, entra en juego la red neuronal por defecto (piloto automático). En ella, la mente está ausente, divagante y también es la zona donde reside la creatividad y la fantasía. En esta zona, comenzamos a rumiar pensamientos y nos podemos ir por completo de la tarea que necesitamos realizar.

Nuestro entrenamiento mental no reside en anular por completo esta red neuronal por defecto, importantísima para la creatividad, sino que consiste en darnos cuenta cuando se activa y si no nos interesa porque nuestro trabajo requiere de concentración, podamos salir de ahí y volver a la concentración en la tarea.

El mundo de la empresa, es un mundo lleno de incertidumbre y eso nos sume en situaciones de presión que en muchas ocasiones nos desborda. El entrenamiento mental nos puede ayudar a formar a un personal más resiliente como un valor añadido a nuestra capacidad profesional.

En este sentido, el profesional con altos conocimientos, ante situaciones inciertas, adquiere una forma de afrontar los retos o las situaciones difíciles desde tres cuestiones diferentes:

  • Necesidad de control: ¿hasta que punto nos angustia aquello que no podemos controlar o que interpretación le doy a lo que está ocurriendo? En las interpretaciones que damos a lo que está ocurriendo, intervienen de forma directa las emociones que surgen con lo que sucede. Una inteligencia emocional adecuada ayudará a que no haya un arrastre por las emociones de mis interpretaciones.
  • La mente de tipo desafío : Ante dificultades que no dependen de nosotros, afrontar estas situaciones con una capacidad de adaptación a las mismas, nos dota de las herramientas para solventar dichas dificultades. Un ejemplo muy claro lo tenemos en el confinamiento que vivimos hace unos meses. Muchas personas tuvieron que hacer la adaptación necesaria para teletrabajar desde casa y así no detener su actividad profesional. Ante un acontecimiento fuera de nuestro control, nos adaptamos para poder salir adelante.
  • La capacidad de compromiso: En muchas ocasiones, el malestar que supone para muchos trabajadores su situación de la empresa o personal, hace que su capacidad de compromiso con respecto a su desarrollo profesional baje de forma muy significativa. Las personas entrenadas y por lo tanto más resilientes, son capaces de reclamar y poner límites con asertividad, de forma que no lleguen a situaciones de incomodidad y sensación de malestar en su trabajo.

Hay cuatro motores en nuestro cerebro del bienestar , cuatro circuitos neuronales que actúan directamente en que las personas se sientan bien.

  • la presencia: una mente distraída es una mente infeliz. El estar presente es lo que te permite disfrutar de la vida, tomar buenas decisiones y tener relaciones interpersonales adecuadas.
  • Amabilidad, la generosidad: esta nos hace sentir bien, nos aporta flexibilidad psicológica, capacidad de tolerancia y de aceptación.
  • La resiliencia: si estamos atentos y somos amables, empezamos a encontrar la forma de afrontar la adversidad.
  • El talante o la predisposición, como capacidad para ser positivo y ver lo bueno que hay en los otros y en las circunstancias que nos rodean

Estos motores fomentan el bienestar interno, que es la fuente de bienestar más estática que tenemos, porque también tenemos fuentes de bienestar externos (cuando las cosas me van bien en el trabajo, me enamoro, me promocionan, etc…) pero estas fuentes, ni son duraderas ni dependen de nosotros, estamos vendidos a lo que ocurra fuera.

El entrenamiento mental, nos dota de una fortaleza interior y unas herramientas para situarnos en coherencia con nuestra vida y nuestra profesión. Adquirir actitudes como la curiosidad, la capacidad de aceptación, soltar la necesidad de control y aumentar nuestra capacidad de concentración, bajando de forma definitiva nuestros niveles de estrés y ansiedad en el trabajo, nos sitúa en un plano muy positivo para darle la vuelta a esa sensación de «esclavitud de su propia vida» con la que muchas personas viven debido a su sensación de malestar en sus empresas.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia.