Esta semana mi propuesta es la siguiente:

Ante cualquier situación en el que sientas que tu voz crítica va a entrar en acción, párala, respira y a partir de ahí, haz un esfuerzo y háblale de la siguiente forma:

Ponle nombre a tu voz, un nombre cómico si es posible (a la mía le llamo Antoñita) y discute con ella. Explícale que así no te anima, que así no os vais a llevar bien e incluso, ríete de ella, sácale el paso, imítala.

El hacer este ejercicio puede parecer algo estúpido, pero es super efectivo para no entrar en rumiaciones tortuosas de las que nos son muy difícil salir.