El apego es un sentimiento natural e innato del ser humano.

Desde que nacemos, empezamos a enlazar lazos de unión con nuestros cuidadores como método de supervivencia y en función de cómo son atendidas o no nuestras necesidades por parte de éstos, definimos unos modelos de apego más o menos seguros, que marcarán la forma que tenemos de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

En el sur de Europa, tenemos unos medelos de apego afectivos muy fuertes y esto, nos marca de forma definitiva en nuestras relaciones personales.

En estos modelos afectivos, se nos enseña que la familia en un pilar donde sentir un sustento durante toda la vida y se focaliza nuestra felicidad, hacia nuestros lazos afectivos en vez de hacer un trabajo de instrospección personal que nos permita definir nuestras necesidades para ser feliz.

El apego afectivo nos lleva hacia una dependencia emocional que nos condiciona nuestras relaciones familiares, de pareja y sociales.

Aquí nos encontramos un error de concepto muy extendido. Confundimos amor con apego y debemos recordar, que el amor es incondicional, es dar sin esperar nada a cambio, es desear la felicidad de los otros. Sin embargo, el apego busca cubrir nuestras necesidades de apego y todos nuestros gestos de cariño, van enfocados a recibir afecto por parte de los otros; es un amor condiconado.

Las personas que sufren apego afectivo de forma destacada, son personas con gran dependencia emocional, baja autoestima, con actitudes posesivas y agobiantes en sus relaciones, victmistas y chantajistas emocionales que terminar por estropear todas sus relaciones. Se generan las llamadas relaciones tóxicas.

Los principales tipos de dependencia emocional son : a la famila, la pareja, los hijos, el trabajo, un status social o laboral, al pasado o a cualquier otra cosa que nos haya supuesto un cambio que nos resistamos a aceptar.

El apego familiar, se suele dar en familias que tienen el concepto que el único lugar de seguridad es el círculo familiar y fuera, nadie es de fiar. En estos entornos familiares, se establecen vínculos muy estrechos de por vida y de alguna forma, no se permite que nadie salga definitivamente de ésta. Padres muy controladores, hijos inseguros, resistencia a aceptar a las parejas de los hijos y relaciones tóxicas familiares que se han de aguantar por el hecho de ser familia.

El apego en pareja, es de los apegos que más nos hacen sufrir, personas que necesitan a otros para vivir, que se consideran incapaces de vivir solos, que ahogan a las parejas a base de control y de victimismo y que finalmente, terminan por cansar a sus parejas por un exceso de apego.

El apego social, muy peligroso especialmente en época adolescente. Cuando una persona necesita sentirse perteneciente a un grupo a costa de renunciar a sus necesidades, a sus límites, cediendo antes las necesidades de forma continua de los demás, con tal de sentirse admitidos, personas que crean un personaje de si mismos que les aleja por completo de la persona que son para sentir que pertenecen al grupo. Son personas inseguras, con bajo concepto de si mismos y que sobre todo, sufren de un desgaste psicológico brutal por estar pendientes de gustar a todo el mundo.

El apego a los hijos, cuando se ponen demasiadas expectativas en éstos y se les carga con la responsabilidad de la felicidad de los padres. Son familias donde los progenitores son muy controladores, muy protectores, donde se utiliza el chantaje emocional de forma habitual para demandar la atención de los hijos. En estos casos, se suele producir síndrome del nido vacío cuano los hijos se hacen adultos y se marchan, produciendo mucho sufrimiento a las dos partes de forma innecesaria.

Bien sea por nuestra cultura, nuestros entornos familiares o nuestras experiencias, podemos tomar conciencia de estar apegados en algún aspecto de nuestras vidas y es muy importante, buscar estrategias para trabajar en desapegarnos y quitarnos una carga psicológica que nos hace mucho daño.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia….