Una de las cosas que más desgaste nos produce en la vida, es ese arduo esfuerzo que hacemos para gustar a nuestro entorno.

Desde el origen del hombre, siempre hemos tenido una lucha interna entre ser auténticos y conformar un personaje público que nos ayude a integrarnos en nuestros grupos de acción.

Sentirnos integrados en un grupo social, nos da una sensación de seguridad que hace que, de forma instintiva, nos comportemos según unos cánones establecidos por el círculo social al que queramos pertenecer.

Bien es cierto, que solemos integrarnos en grupos que tienen cosas en común con nuestra esencia y nuestros valores, pero a pesar de ésto, solemos modificar y mucho, todo lo que nos parezca necesario para poder sentir que gustamos, que no nos van a rechazar .

Cuando recibimos una crítica externa, por muy seguros que nos sintamos de nosotros mismos, nos afecta y esto es una realidad con la que tenemos que vivir y sobre la que debemos tomar conciencia .

Lo importante, es discernir desde donde nos vienen esas críticas. Tenemos personas que nos quieren, que nos aprecian, que nos respetan en nuestros círculos de confianza. En ocasiones, recibimos críticas que, aunque no sean demasiado contructivas, aunque nos suenen con un tono destructivo u hostil, son críticas que buscan nuestro bienestar, que no nos equivoquemos o que corrijamos un comportamiento que nos pueda hacer sufrir. Estas críticas son las que más nos afectan o al menos, las que más nos deben afectar.

Pero en muchas ocasiones, recibimos críticas de personas que nos son completamente ajenas, personas que no nos conocen en absoluto, personas que solo buscan el daño que produce la desaprobación externa, o sencillamente personas que buscan esconder sus propias miserias a base de destacar los defectos o errores de otros. Es en estas ocasiones, en las que tenemos que estar plenamente conscientes para no permitir que nos afecten. Se que es complicado porque hoy día estamos muy expuestos a estos grupos, a los desconocidos.

La presencia en redes sociales es un escenario perfecto para este tipo de situaciones y el no saber gestionarlas, puede sumirnos en sensaciones dolorosas. Las críticas en un entorno laboral deshumanizado, nos produce una sensación de desconfianza que puede tirar por tierra todos nuestros esfuerzos previos para ser buenos profesionales. El sentirnos juzgados por entornos cercanos, conocidos pero no íntimos, nos afecta directamente en nuestra autoestima.

Debemos aceptar que no podemos gustar a todo el mundo. Al menos hay un 15% de las personas que nos vamos a cruzar en nuestra vida, que no van a conectar con nosotros por mucho que nos esforcemos y el intentar conseguir la aprobación de todos nuestro entorno, nos hace ir creando ese personaje que nos aleja día a día, de la persona que realmente somos.

El trabajo de la meditación, nos acerca a esa esencia que hemos escondido a lo largo de los años y nos permite recuperar a la persona que somos y que nos hace sentir que estamos en coherencia.

La aprobación externa es necesaria, nos da seguridad, nos hace sentir integrados pero no debemos darle más valor del que en realidad tiene.

La aprobación debe ser de ti mismo y no del mundo que te rodea.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia…