Post Semanal

Como cada año, llega el mes de diciembre y todo el mundo se vuelca en recordarnos que llegan las fechas navideñas. Las calles, los comercios, los medios de comunicación, las redes, allá donde miremos, hay un anuncio que nos lleva sin posibilidad de escapar hacia las fechas de luces, regalos, comidas, familia y FALSA FELICIDAD.

La forma de celebrar esta fiesta religiosa, de la que apenas queda el recuerdo de dicha religiosidad, salvo en la figuras navideñas que montamos en las casas, ha evolucionado de forma exponencial en los últimos cincuenta años.

El sentido que ahora tienen estas fiestas, tienen mucho más que ver con las compras compulsivas, las reuniones sociales, el consumo de alimentos caros de forma desmesurada y una especie de locura social hacia una falsa felicidad, inventada por los profesionales de la comunicación, que nos invitan a ese consumo de locos que hacemos en estos días para cumplir con los estereotipos de familia feliz.

Publicidad de todo tipo que a través de los canales de comunicación, nos muestras familias felices, llenas de ilusión, con mesas repletas de exquisiteces y árboles de navidad llenos de regalos ilusionantes que colman esos días de ensueño.

Sin embargo, a pesar de todos estos estímulos tan llamativos, hay muchas personas que manifiestan claramente que no les gusta nada la navidad, que casi la odian por todo lo que supone y los compromisos que conlleva.

y ¿por que a muchas personas no les gusta la navidad?

La navidad es tiempo de familia y por ello, no podemos evitar pensar en aquellos familiares que no están, bien porque han fallecido o porque residen lejos. Esto nos genera un sentimiento de añoranza enorme y con él un vacío y una emoción de tristeza completamente natural.

La navidad, en este tiempo, es momento de alto consumo y por desgracia, hay un porcentaje muy grande de la población, que está pasando una crisis económica muy profunda y apenas pueden llegar a final de mes, con lo que en estas fechas, se agudiza aún más su sensación de injusticia percibida por su situación.

¿y qué pasa con estas emociones? ¿que pasa con la tristeza, con la añoranza, con la desolación que nos produce la injusticia percibida? pues que están mal vistas, que no caben en esos quince días y por lo tanto, las personas que están pasando por un mal momento o que simplemente echan de menos a sus seres queridos, tienen que tragarse todas estas emociones tan necesarias y dañinas si se reprimen.

Las emociones que reprimimos, que no podemos mostrar, se enquistan en forma de impactos físicos en nuestro cuerpo y psicológicos en el alma y , esto es justamente lo que sucede. Esas navidades que hemos de pasar contenidos, afligidos pero simulando felicidad, arruinados pero gastando los recursos que no tenemos, esas navidades donde percibes falsa felicidad en tu familia, puede tornar estas fiestas felices en un momento muy oscuro que haga que cada año, desde ese día donde empiezan a decorar las ciudades, un nudo se te haga en el estómago y ya no te deje relajarte hasta el 7 de enero, cuando todo termine.

La toma de conciencia puede ayudarnos mucho en esta incongruencia que hace que para mucha gente, las navidades sea una especie de tortura por la que tienen que pasar año tras año. Son quince días, donde nos reunimos con la familia y por lo tanto, es probable, que con el paso de la vida, vayamos acumulando pérdidas personales que hagan que la añoranza sea un compañero de viaje, compañero al que tenemos que atender para no entrar en un conflicto interno con nuestros sentimientos.

La añoranza es un homenaje a personas o momentos de nuestra vida que nos han hecho felices y que hemos perdido. Aunque nos traiga sensaciones de tristeza, también nos puede hacer muy felices el recordar los buenos momentos y aceptando la impermanencia de la vida, estos recuerdos pueden transformar el dolor de las pérdidas en historias preciosas que recordar y que le den mucho sentido a los años pasados. Acompañar a estos estados de tristeza o añoranza, con momentos de intimidad, de llanto o de lo que corresponda para atender a nuestros sentimientos, no están reñidos con los otros momentos típicos de estas fechas.

Atender nuestras emociones nos sitúa en un estado de mayor coherencia y así como podemos llorar las ausencias, podemos disfrutar con libertad, sin culpa, con presencia, lo que si tenemos ahora, podemos disfrutar de las personas y las cosas que tenemos en el presente. Aceptar esa dicotomía nos ayuda a aceptar la parte alegre y la parte triste de estas fechas y con esta aceptación, normalizar y no forzar nuestros sentimientos manipulados por los movimientos sociales.

Llora, ríe, añora, abraza, guarda silencio, canta, vive…

Tomando conciencia, viviendo en coherencia…

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2 comentarios

  1. Como siempre preciosas palabras. Mil gracias.

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