No se si es la edad, no se si es mi capacidad para estar en silencio tantas horas, pero la realidad, es que cuanto más calma pongo en mi mundo, más disparatado me parece el mundo.

Miro a mi alrededor y veo mucho sufrimiento. La velocidad a la que nos movemos nos impide ver lo que tenemos delante de nosotros, tanto interior como exteriormente y esto, nos sume en un estado de inconsciencia tal, que terminamos refugiándonos en aquellas cosas que más nos anulan como personas.

Esta semana siento que hace falta más humanidad, más pensamiento crítico, más amor y sobre todo, más conciencia individual y colectiva.

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