Tras algunos años trabajando con personas, desde el ámbito del mindfulness, he llegado a conclusiones como poco interesantes y curiosas sobre el ser humano.

Las personas, como a mi me gusta llamar a nuestra especie, tienen infinidad de cosas en común, cosas que les hace evolucionar durante sus vidas, para convertirse en seres más capaces de afrontar la dificultad y el sufrimiento, sin embargo, el camino es arduo y está lleno de momentos de auténtico dolor.

Esta evolución que ha tenido el ser humano con respecto al desarrollo cerebral, nos ha convertido en seres atormentados, que buscan de forma agotadora esa maldita aprobación externa sobre todo lo que son y lo que hacen, que asumen su papel de hormiga obrera, incansable, lejos de sus inquietudes y de lo que realmente son, padres comprometidos, como si el hecho de reproducirse fuese un elemento de identidad que les convierte en alguien que debe ser perfecto y que no lo son, lo que les hace vivir en una eterna culpa llena de frustración y baja consideración consigo mismos, que se pasan la vida construyendo de cara a la galería, un concepto de felicidad que en realidad estaba dentro de su interior desde el principio, que cuando creen que por fin tienen controlada sus vidas, viene ésta y les da un vuelco de 360º destruyendo todo aquello que les hacía sentir seguros y por lo tanto, sentían que tanto sufrimiento merecía la pena.

Esta sociedad sufriente, va cuesta abajo y sin frenos, hacia un momento absolutamente auto destructivo donde hemos perdido el sentido de la vida, donde la razón está muy por encima de la emoción y sin embargo, se nos anula de forma exponencial la capacidad de crítica, convirtiéndonos en auténticos borregos tras una pantalla de móvil, manipulados por una cuantas compañías, que gastan grandes fortunas en aplicaciones que nos atrapen y creen estímulos adictivos, para este cerebro que cada día tiene menos capacidad creativa.

Nos alejamos de la naturaleza, que es de donde partimos, nos alejamos de nuestra capacidad crítica y creativa, que es lo que nos convirtió en la especie «superior», nos alejamos de los vínculos entre seres humanos, con una deshumanización progresiva y egocéntrica, que nos hace ser la sociedad que más sola se siente de la historia, nos alejamos de todo aquello que nos daba la posibilidad de disfrutar de la felicidad en pro del bienestar.

Solo buscamos estímulos que nos hagan sentir seguros, cómodos, llenos de cosas materiales que llenen nuestros vacíos emocionales y sobre todo, rechazamos cualquier atisbo de sufrimiento por natural que sea .

Nos hemos convertido en una sociedad débil, manipulable, inculta, incapaz de ver las oportunidades y a merced de aquellos que generan productos que nos metan a todos en la misma corriende de pensamiento, emoción y acción.

Hay veces que me dicen mis alumnos, que la meditación es dolorosa, que les hace sufrir, pero en realidad, tomar conciencia de esto, es lo que nos hace sufrir y recuperar algo la cordura para vivir en coherencia con lo que somos, puede dar vértigo, sin embargo, nos puede ayudar a salir de un secuestro mental que desde luego, jamás nos va a hacer felices.

Me declaro rara, me encanta ser rara y sobre todo, cada día lo pienso ser más….

Tomando conciencia, viviendo en coherencia….