La frustración es uno de los sentimientos más complicados de afrontar. Detrás de esta sensación tan desagradable, en una mezcla de impotencia y de sensación de falta de control, nos abordan emociones tan complejas de manejar como son la tristeza, la rabia, la indefensión.

Este sentimiento va directamente relacionado con nuestras espectativas.

El ser humano, en su huída incesante del sufrimiento, construye un mundo, en su ideario de vida que lo convierte en un ser muy vulnerable frente a las situaciones difíciles, situaciones que no entran en sus planes y por lo tanto, que no aceptamos que nos ocurran.

En muchas ocasiones, son situaciones inherentes a la propia exitencia, como son el envejecimiento o la enfermedad, otras son situaciones provocadas por circunstancias que están fuera de nuestro control y otras, son consecuencia de nuestros propios errores.

Cuando nos resistimos a que las cosas no salgan como tenemos previsto, entramos en este estado de frustración tan horrible que nos tiñe la vida de un gris insoportable.

En realidad, este estado es pasajero y además, no dura demasiado. El problema está en que cuando estamos en un estado de resistencia ante estas situaciones, cuando creamos cierta intolerancia a la frustración, nos enganchamos en esas espectativas y nos convertimos en marionetas de la suerte.

Y la vida no es cuestión de suerte, la vida no es algo elegido, ni fijo, ni planeado. La vida está llena de momentos buenos y también de momentos difíciles. Aceptar cada momento sin engancharnos en resistirnos, aferrarnos o negarnos a que las cosas sucedan nos da la posibilidad de adaptarnos a esos momentos de dificultad.

La tolarancia a la frustración es necesiaria y entrenable. Nuestras espectativas casi siempre son demasiado altas y afrontar estas situaciones con aceptación, nos libera de un gran sufrimiento y nos permite encontrar nuestras herramientas internas para afrontarlas.

Pero la frustración no solo se trabaja desde la aceptación. Encararla con conciencia plena, encontrando una explicación a los hechos y quitándonos algunos «pájaros de la cabeza» en cuanto a cómo son las cosas o cómo deberían ser, podemos transformar aquellos hechos que salieron mal, o que sencillamente no salieron como queríamos, en una motivación para levantarnos de nuevo y volverlo a intentar.

Esos bloqueos producidos por la resistencia a sufrir, no nos permiten ver nuestros recursos internos para afrontar los momentos difíciles y con un trabajo basado en la conciencia plena, podemos transformar frustración en motivación y crecimiento.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia….