Las personas que nos acompañan en nuestra vida son las que le dan significado a nuestros momentos de felicidad y de infelicidad, las que nos tumban y nos levantan, las que nos hacen sentir acompañados o en soledad. Una dualidad compleja pero necesaria que nos va conformando en la persona que somos.

Necesitamos a las personas de nuestra vida y, sin embargo, nuestra falta absoluta de control sobre sus vidas nos genera sufrimiento de forma proporcional al vínculo afectivo que tengamos con ellos.

Queremos que nuestros seres queridos sean felices, que todo les vaya bien, que no sufran y, la mayoría de las veces, no podemos hacer nada para garantizar esto.

Cuando llegan mometos difíciles para esos seres a los que apreciamos, nos convertimos en testigos «inútiles» que poco pueden hacer para evitar su sufrimiento. Esto nos sume en una sensación de frustración angustiosa que nos atrapa, lejos de acompañar de forma coherente a los nuestros, nos convertimos en una especie de águilas que los vigilan y presionan para que salgan de este estado de sufrimiento.

Cada persona es diferente y la forma de afrontar su sufrimiento es única. Respetar las formas y los tiempos de la persona que sufre, es una de las cosas que más nos cuestan pero, sin embargo, es el mayor gesto de amor que podemos tener hacia ellos.

Los momentos dolorosos son parte de nuestra existencia. Cada persona ha de vivir los suyos y su entorno debe mantenerse ahí, acogiéndolo en su dolor, acompañando sin presionar, respetando sus estados de ánimo y, sobre todo, no programando sus tiempos.

Un duelo por una pérdida, una ruptura amorosa, la pérdida de un proyecto profesional, una situación económica difícil, una depresión por el motivo que sea, una enfermedad invalidante, son situaciones en las que, por no saber gestionar estos sentimientos de frustración, nos posicionan en un lugar de presión para la persona que está sufriendo y no le permitimos tomar el equilibrio emocional que necesita de forma natural.

La paciencia, la no victimización individual, la no dramatización en exceso y la aceptación de la propia vida son herramientas que la meditación nos aporta para poder afrontar este tipo de acompañamiento, doloroso pero tan necesario para todos en algún momento de la vida.

Tomando conciencia , viviendo en coherencia…