Cada semana la vida me va dando una serie de lecciones maravillosas que necesito compartir en este espacio.

Desde jovencita, siempre he pensado que la actitud es la gran diferencia entre personas dentro de un mismo entorno. Siempre he sentido mucho rechazo hacia las personas poco entusiastas.

Ilusionarme por las cosas, siempre ha sido mi motor y de alguna forma, encontrar la ilusión por algo nuevo que aprender, por conectar con personas o por poder experimentar la vida, ha sido lo que me ha dado la curiosidad necesaria para encontrar aquellas cosas que definitivamente, iban a tener un impacto real en mi existencia.

Esta semana ha sido una de esas, donde las experiencias de otras personas se han transformado en una verdadera inspiración para mi.

Estoy en un momento de profundo estudio, danfo forma a mi próximo libro y arrancando unas clases de Máster que para mi son un verdadero reto personal y profesional . De alguna forma, pretendía aislarme de todo y de todos, pero una vez más, la vida me ha dado la oportunidad de encontrar el mayor aprendizaje en cosas que nada tienen que ver con mi libro, mi estudio, mi rincón de soledad para pensar.

Dos personas, dos maravillosas personas en circunstancias similares. Ambas, dos mujeres que acaban de terminar un tratamiento de quimioterapia en su lucha con un cáncer de mama. Las dos preparadas para afrontar una cirujía para seguir con su tratamiento y con las dos, he tenido el privilegio de hablar y compartir sus experiencias.

Una de ellas, fue al hospital a darse su última sesión. Cuando terminó, como cualquier otro día, le dijeron que ya podía irse sin más. Sus sensaciones eran contradictorias, ya que por un lado, era consciente de que había culminado una parte muy importante de su tratamiento y que ahora, le esperaba una intervención quirúrjica que necesitaba. Por otro lado, se sintió insegura, abandonada, le dieron un adiós sin más a una persona que llevaba meses allí, sujetándose a esa sala, a ese sillón, a esas personas, a ese tratamiento para aliviar un poco sus miedos, para buscar seguridad.

La otra se dio su último tratamiento y su hospital, con más de visión hacia el paciente, invitó a esta mujer a hacer el ritual del final del tratamiento. Un paseillo , aplausos, tocar la campana y abrazos…. Sus sensaciones completamente diferentes. Se sentía plena, orgullosa, acompañada, segura. Había llegado hasta ahí con sufrimiento y sus cuidadores lo sabían y lo valoraban. Su esfuerzo fue aplaudido y su desdedida con abrazos, sintiendo que le importa a aquellas personas que tanto la han cuidado. Os comparto este momento, es emocionante y maravilloso

No dudo del buen hacer del primer hospital, sin embargo, la diferencia entre un trabajo bien hecho y un trabajo extraordinario es el entusiasmo, la actitud, la ilusión y la recuperación de nuestros valores, valores como la creatividad, el juego, y la conexión con los otros.

Cuando hacemos un trabajo, un servicio, una labor, en cualquier ámbito de nuestra vida, siempre tiene un impacto en alguna persona y esto debemos tenerlo muy presente.

La diferencia entre tener un impacto negativo y un impacto positivo en otros, depende exclusivamente de nuestra actitud, de cómo nos posicionemos y sobre todo de cuánto miramos a los demás de verdad, cuánto nos importan y cuánto nos implicamos en su bienestar.

Cuando vives dispuesto a alegrar el día de todas las personas que puedas, a hacer una labor positiva hacia los otros y sobre todo, a dejar de mirar nuestro ombligo, para saber lo preciosa que es la vida cuando la vives conectado a los demás, la vida es completamente diferente.

Haz de tu vida, una vida extraordinaria.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia

Gracias Laura y Delia por enseñarme tanto. Os quiero…