Aunque no sea tu caso el descrito en el blog de la semana, seguro que puedes hacer una pequeña reflexión y llegar a alguna situación de tu presente, que no quieras aceptar, que se te resista y por lo tanto, las consecuencias de esta resistencia se hagan palpables en forma de ansiedad, estrés, o conflictos con tus círculos de actuación.

Localizado aquello que te cuesta aceptar, siéntate delante de tu diario . Describe la situación lo más detalladamente posible y analiza:

  • De qué te sirve mirar hacia otro lado, ignorar.
  • De qué te sirve negar, si es que lo hace normalmente, aunque sea para que nadie sepa que eso está ocurriendo
  • Como te imaginas tu vida si por fin aceptaras, ¿que es lo peor que puede pasar? ¿crees que la calma volvería a tu vida?

Normalmente, cuando no aceptamos realidades dolorosas, el dolor es silencioso pero mucho mayor. Las rumiaciones, la necesidad de control y el apego en exceso, nos hacen caer en estos comportamientos negacionistas que nos traen una gran cantidad de sufrimiento.

Aceptar nos devuelve la calma, nos hace bajar las expectativas y por lo tanto las decepciones y frustraciones y nos ayuda a encontrar formas de adpatarnos a las circunstancias que nos tocan vivir.