Una de las cosas que solemos hacer para esquivar cualquier tipo de sufrimiento, es proyectar hacia fuera.

Cuando algo nos incomoda, cuando ocurre algo que no queremos que suceda, nuestro subconsciente hace una jugada maestra, con la firme decisión de ahorrarnos el mal rato.

Lo primero, será borrar nuestra propia responsabilidad en el asunto y así convertirnos en víctimas, afectadas por el error de otra persona.

Después, elaboraremos un juicio hacia esa otra persona, que nos limpie de culpa alguna sobre lo ocurrido o nos convierta en blanco de una injusticia que no nos merecemos.

Una ruptura amorosa, la pérdida de un trabajo, tomar una mala decisión, suspender un exámen o tener una reacción equivocada, todo pasa por proyectar en otros la culpa y así evadir las emociones asociadas a un mal momento.

Pero que absurdo es todo, esa evasión, nos sume en una posición absolutamente fuera de nuestro control, sentimos que la vida va en nuestra contra, sentimos que tras todos nuestros esfuerzos para ser buenas personas, la gente nos hace daño, sentimos que a pesar de la lucha que es vivir, los obstáculos no dejan un respiro y cada vez nos sumimos en una desesperanza mayor . La tristeza se va acumulando, los pensamientos recurrentes van ganando la batalla y al final, llegan las patologías asociadas.

La negación, la evasión de esa responsabilidad parece que nubla una parte de la razón y nos evita cierto sufrimiento, sin embargo, nos ancla y nos llena de argumentos para no superar nada malo que nos ocurra. Con el paso del tiempo, estos dolores sin atender, sin curar, hacen mella en nuestras entrañas y llegan esas tristezas patológicas tan difíciles de llevar.

Cada situación que consideramos negativa en nuestra vida, ocurre porque ha de ocurrir, porque las cosas se han sucedido de una forma en la que el resultado final es el que es, aunque no nos guste, aunque nos incomode o sintamos que nos rompe el alma.

A partir de ahí, es nuestra responsabilidad. La forma de afrontar y de superar lo malo que nos pasa depende completamente de nosotros y los dolores no se curan mirando hacia otro lado.

De cara, aceptando, afrontando nuestra parte, sufriendo lo inevitable, el dolor pasa, porque la vida sigue y aunque nos sintamos paralizados, para el resto, vuelve a salir el sol, y la vida sigue….

A veces es duro, doloroso, hasta terrorífico, pero aceptando y asumiendo, sin resignación, sin juicios hacia otros y con un diálogo interno amigo, seremos capaces de volver a lentantarnos.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia…