Siéntate delante del diario y haz una reflexión sobre tu tolerancia a la frustración.

Piensa en cómo te afecta que las cosas no salgan como tenías previsto y ponle nombre a las emociones . Pueden aparecer la tristeza, la rabia, la impotencia, la frustración…

Tras la identificación de las emociones, haz un plan para gestionarlas. Cada emoción es necesaria y nos ayudan a superar la situación que las ha producido. Dejando que la emoción esté, pero sin tomar un papel excesivo de víctima, asumiendo nuestras propias responsabilidades al respecto, podemos ir superando poco a poco esta situación y estas emociones.

Desahogarse también ayuda, pero de forma puntual. Date el espacio para soltar esta emoción y por fin SUPÉRALO.

Si no te enganchas a estos sucesos, tu humor no se verá más afectado de lo meramente normal y estarás libre de bajar tu estado de ánimo de forma que te afecte demasiado, a ti y a los que te rodean.