La ansiedad es un mecanismo adaptativo natural, que nos permite ponernos alerta ante sucesos comprometidos. En realidad, un cierto grado de ansiedad proporciona un componente adecuado de precaución en situaciones especialmente peligrosas. Una ansiedad moderada puede ayudarnos a mantenernos concentrados y afrontar los retos que tenemos por delante.

La ansiedad pone en marcha los mecanismos del estrés y nuestro cuerpo, se prepara para una de las tres posibles respuestas: Huída, ataque o bloqueo.

En este ritmo de vida que nos hemos planteado, la ansiedad se ha convertido en un compañero de viaje habitual y no somos conscientes, de los peligroso que es mantenerla o normalizarla en nuestro día a día.

En un principio, andar todo el día corriendo, sin espacio para nosotros, anticipando continuamente el futuro, con la angustia permanente que eso nos genera y con una necesidad de control patológica en casi todos los ámbitos de la vida, convierte este mecanismo en un arma contra nosotros mismos.

Cuando la ansiedad toma el control de nuestra vida, se convierte en sentimientos desproporcionados de miedo, difíciles de controlar y que nos genera una sensación de angustia física y psicológica que nos hace colapsar.

Un porcentaje tristemente alto de nuestra sociedad, vive sumido en una sensación de miedo permanente a la propia vida y para ello, debe recurrir a medicación que le permita hacer una vida medio normal.

Cuando llega a nuestra vida, es difícil deshacerse de ella y desde ese momento, nos sentimos a merced de los caprichos de nuestra mente en cuanto a nuestro bienestar se refiere.

La mente es la base de todas nuestras capacidades pero en este caso, ésta se convierte en nuestro peor enemigo y nuestra calidad de vida se va a ver, realmente comprometida.

Este trastorno debe ser atendido, tomado muy en serio y sobre todo, debe ser solucionado.

Dificultad para dormir, dolencias cardiacas, problemas digestivos, dificultad para concentrarnos, aumento de nuestros conflictos personales, son algunas de las consecuencias de estos estados de ansiedad.

Cuando este trastorno se agraba, llegan ataques de pánico, donde la persona pierde el control sobre sí misma y piensa que va a morir, que no puede soportar la propia vida y desde aquí, la solución se complica de forma exponencial.

Estamos muy acostumbrados a combatir la ansiedad a base de medicamentos que paren sus efectos pero no nos trabajamos, los motivos que la desencadenan.

Ahora parece que la sociedad está tomando algo de conciencia sobre la necesidad de atender la salud mental y los estados de ansiedad permanente, tienen mucho que ver con muchas de las enfermedades que se diagnostican.

La meditación es uno de los métodos más efectivos y con base científicamente desmostrada para prevenir y combatir esta dolencia tan problemática para nuestra sociedad.

Uno de los desencadenantes de la ansiedad, es el instinto de anticipación que tenemos para intentar que todo salga como esperamos. En entrenamiento mental nos ayuda a estar más presentes y sobre todo, a frenar esa necesidad de estar permanentemente en preocupaciones futuras que no nos ayuda en nada.

Cuando una persona medita durante 8 semanas seguidas, empiezan a producirse cambios en su cerebro y día a día, la mente es capaz de estar más presente y afrontar las situaciones que se nos presentan con más serenidad y sobre todo, con menos miedo.

Es hora de preocuparnos y ocuparnos de esta enfermedad que es la más importante del siglo XXI y solo nosotros, podemos plantarle cara.

Tomando conciencia , viviendo en coherencia….