Post semanal

2 abril 2023

Esta semana, nos hemos levantado cada día, pendientes de las noticias sobre los incendios de Castellón y Asturias.

Superando los 100 focos de incendios, en dos regiones relativamente pequeñas, están exterminando miles de hectáreas de bosque y al verlo, mi sensación es de desesperanza.

Aunque somos conscientes de la necesidad que tenemos de cuidar el medio ambiente para preservar la vida del planeta, el ser humano ha sufrido en su evolución más reciente, una desconexión total con sus orígenes.

La naturaleza es la base de la vida, es la expresión en forma de vegetación y fauna de la salud del planeta y el hombre. En este rol ridículo que ha adoptado como dueño y señor de la tierra, está destruyendo todo aquello que de forma natural se desarrolla.

Esto produce un desequilibro en el ecosistema que está forzando a que todo cambie a una velocidad de vértigo sin que podamos adaptarnos a ello. El cambio climático, el desarrollo de enfermedades nuevas de forma continua, la aparición de virus y bacterias para los que ya no tenemos defensa, muchas y muy graves señales que parece que nadie quiera escuchar.

Pero al margen de esta realidad tan triste, estamos nosotros, los seres humanos.

Cuando una persona desconecta de la naturaleza, desconecta de su propia esencia y queda a merced de un mundo lleno de artificios que nada tienen que ver con nosotros.

La búsqueda continua de bienestar a través de la evolución, nos ha llevado a alejarnos de la verdadera felicidad, viviendo en un mundo a la carrera donde más que vivir, sobrevivimos a la propia vida.

Cuando una persona es capaz de parar y conectar con algo de naturaleza, es capaz de recuperar un poco su aliento vital. Respirar aire algo más puro, conectar con la energía del mar o con los sonidos del bosque, hace que nuestra mente deje de torturarnos con miles de pensamientos que nada tienen que ver con la existencia y si con la supervivencia.

En este mundo de ruido, no nos escuchamos, no nos atendemos, no somos capaces de evaluar nuestro sufrimiento, nuestro anhelos, nuestros miedos y nos pasamos los días, las semanas y los meses, corriendo hacia ninguna parte.

Cuando eres capaz de frenar el ritmo y escaparte a un entorno natural, eres capaz de evaluar tu propia existencia y sobre todo, de colocar tu orden de prioridades en la vida para este momento presente, para así, recuperar en algo tu propia coherencia vital.

Refugiarnos en la naturaleza es refugiarnos en nosotros, en nuestras fortalezas, en nuestros sentimientos más bondadosos, en nuestra mirada más compasiva, en nuestros mejores valores.

Escápate, recupera esa conexión con la naturaleza y sobre todo, respétala, respétala con la mirada que se merece, ella no está a nuestro servicio, ella es nuestro sustento vital, nuestra verdadera esencia.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia….

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