Post semanal

22 octubre 2023

Alicia sintió que su corazón se hacía pedazos.

Aquellas escaleras que la llevaban hacia la sala del tanatorio, activó de golpe una memoria emocional que despertó de forma devastadora su duelo.

Su pareja había fallecido hacía algunos meses y un año de infierno la había acompañado cada día desde entonces. Sentía que a pesar del dolor infinito, había hecho un gran trabajo y con mucho esfuerzo, su vida estaba empezando a cobrar algo de sentido.

Muchas lágrimas, sensaciones de absoluta desesperación, aferrarse a rutinas, dejarse sostener, saber pedir ayuda y sobre todo, calma y aceptación. Todo un camino tortuoso que en 30 escalones hacia aquella sala, sentía que había perdido de golpe.

Su querida amiga yacía sin vida dentro de aquel féretro. Una preciosa foto le recordaba la belleza de aquella inmensa mujer que acababa de morir y unas horas por delante para aceptar que no volvería a verla.

Su amiga había sido todo un referente de fortaleza y ganas de vivir para ella y de nuevo, la muerte le arrebataba un anclaje a la vida y a la alegría , la muerte se llevaba un referente y el dolor era insostenible.

En este caso, Alicia no se sentía víctima. La familia de su amiga eran los sufrientes y ella, sentía la responsabilidad de sostener el sufrimiento de éstos pero un dolor inmenso en su corazón, le paralizaba y le impedía poder respirar.

Emociones como dragones, emociones en forma de asesinos que reventaron su corazón y le mostraron de nuevo, la cara más amarga de la vida. Tristeza, soledad, vacío, desesperación, impotencia, injusticia percibida, desasosiego, de nuevo un conglomerado de sufrimiento entraba en su corazón y de nuevo, sentía que la vida volvía a ser de un gris horrible y vacío.

El dolor del alma nos hiere y esa herida se activa y conecta todo aquello que vivimos cada vez que el sufrimiento se activa con la misma intensidad.

Alicia fue consciente de que este dolor regresaba y la rompía en mil pedazos, pero también descubrió a través de una mirada consciente que ella ya no era la misma persona. Acogió todo aquel dolor inmenso con aceptación, con una comprensión profunda de la realidad de la vida y sobre todo, con una mirada llena de compasión que le permitió sostener en la manera que pudo a los familiares de aquella vida que se había terminado.

Habló del dolor, de la necesidad de cuidado y sobre todo, de la perpetuidad de nuestros seres queridos a través del recuerdo. Verbalizar el dolor la hizo consciente de éste y de su recorrido y gracias a esto, volvió a seguir adelante.

La fortaleza interna es algo que no percibimos pero que se va fraguando conforme vamos transitando el dolor. Sufrir nos ayuda a ayudar, nos hace más sabios y sobre todo, nos enseña a mirar con esperanza el futuro a pesar de la propia vida.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia….

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