Post semanal

2 junio 2024

Pájaros enjaulados, así tituló Bea la sesión en el Centro penitenciario.

Al principio me sorprendió, ya que es un ambiente donde la sensación de injusticia hay que intentar evitarla, ya que los sentimientos más cercanos cuando se habla de esto, es la rabia y la intensidad con la que viven todo allí, hace que se alejen de una actitud para meditar.

Sin embargo, los introdujo en una preciosa reflexión interna que nada tenía que ver con la cárcel.

En un espacio donde todos se sienten enjaulados, donde están privados de libertad y desde esta premisa el dolor está servido, los invitó a una reflexión sobre nuestras jaulas internas.

El apego a las cosas que ya no tienen que estar en nuestra vida, el apego a nuestras creencias limitantes, el apego a los sentimientos de decepción, propios y ajenos, el apego a dejar que la vida siga su curso, eso es lo que construye nuestras jaulas internas.

Pensar en nuestras jaulas internas, aquellas que no nos permiten seguir adelante con la vida, desde la aceptación y el aprendizaje, hace que tomemos conciencia de que nos quejamos permanentemente de las jaulas externas para no mirar hacia las verdaderas jaulas de nuestra vida.

Un presidiario, llorando y con razón, por el horror de estar allí dentro, le ancla a la victimización y no se abre para crecer y convertirse en una mejor versión de sí mismo.

pero, ¿que pasa con los que no estamos encerrados? pues exactamente lo mismo.

Podemos sentirnos enjaulados en un trabajo, en un matrimonio, en una casa, en una familia, en un cuerpo, en una adicción, en un dolor o en una ciudad. Son jaulas emocionales a las que damos un valor de cárcel, a las que dotamos del título de fruto de nuestra desgracia, sin embargo, silenciosamente se esconden un montón de jaulas internas, que son las que nos paralizan y nos alejan de toda opción de salida.

Máscaras de protección ante todo lo que hemos vivido, evasores para no sentir el dolor o sencillamente, la incapacidad, porque nadie nos ha enseñado, para atender el sufrimiento. Jaulas como una baja autoestima, un sentimiento de inseguridad o inferioridad, un sentimiento profundo de culpa por los errores cometidos o el no sentirnos suficiente, rearman dentro de nosotros toda una red de jaulas que nos hacen esclavo de la vida y las circunstancias.

Nuestra vida está en manos de las circunstancias y de las jaulas y sus carceleros, sin sentirnos capaces de intervenir y cambiar cosas, sin saber cómo empezar y dar ese primer paso para salir de tanto sufrimiento o sencillamente, para abrir esas jaulas.

También los pensamientos, pueden convertirse en jaulas internas, los prejuicios o los pensamientos recurrentes como la rumiación y la necesidad de control, nos esclavizan y nos sumen en vidas llenas de angustia.

Por extraño que parezca, estas jaulas internas se convierten en la llamada zona de confort y somos nosotros mismos, los que no nos permitimos salir de ellas.

Trabajarnos la conciencia, nos permite ver todas las jaulas, externas e internas y son precisamente estas últimas, las que abren las primeras.

La meditación son sienta delante de ellas y desde ahí, podemos acogerlas con calma y coherencia y tan solo, ABRIRLAS.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia…

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